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Me resulta complicado explicar por qué me gusta mi profesión pero no mi trabajo. Lo realmente difícil es que quien me escuche entienda esa sensación,  ya que realmente en mi trabajo desarrollo mi profesión.  Hace tiempo que metí en un cajón mi vocación porque esa vertiente, casi romántica, que me hacía sentirme afortunado, se topó de bruces con un día a día en el que las palmaditas en la espalda esconden puñales y las supuestas amistades acaban poniendo zancadillas a diestro y siniestro para escalar posiciones

Cada vez que miro el reloj y llega el momento de abandonar la oficina, respiro aliviado pensando que he sobrevivido a un día más sin excesivas batallas. He perfeccionado mi técnica de observación hacia los expertos trepadores que pululan alrededor, y ahora  ya no escondo informes o presentaciones. Simplemente los dejo a la vista para que quien se sienta tentado de jugarme una mala pasada, entienda que tendrá que hacerlo a pecho descubierto, con el riesgo que ello implica. Quitarle el burladero al cobarde siempre ha jugado a mi favor. Mi mujer dice que mi lista de “sospechosos” ha ido creciendo por sí misma, sin que los que la componen hagan nada en especial.

̶  Vives obsesionado. ¿Qué ha hecho el pobre Fernández más que proponerte un partido de tenis el sábado?

̶  La cuestión no es el qué, sino el cuándo ¿Por qué ahora? ¡Qué casualidad que en breve vayamos a ampliar franquicias y por lo tanto necesitemos reasignar nombramientos!

̶  ¿Estás de broma? Llevas trabajando con él quince años y cada vez que ha hecho el intento de estrechar relaciones fuera del trabajo, le has puesto excusas. Lo realmente raro es que todavía pretenda hacer algo más contigo que compartir baño en el trabajo.

Para ella es muy fácil hablar desde fuera. Su trabajo consiste básicamente en ver dibujos animados en la guardería que tiene con su socia. Llevar una empresa que no ha hecho otra cosa que crecer y crecer es diferente. Me encantaría confiar en la buena fe de todo el mundo, pero en los negocios la nobleza se difumina en cuanto existe la posibilidad de aumentar los ingresos mensuales con un ascenso.

Esta mañana, sin ir más lejos, entro como cada día a las siete y un silencio aplastante me hace detenerme en el vestíbulo. Normalmente debe andar por allí Luis, el vigilante, que acaba su turno de noche y Laura, la recepcionista, que jamás abandona su puesto.

̶  ¡Empezamos bien la semana!  ̶ digo en voz alta esperando que todo y todos se recoloquen apresuradamente en su lugar. Pero, nada sucede…

En lugar de ir directamente a la tercera planta, como siempre, decido pasar por la primera esperando encontrar allí alguna respuesta. Nada, despachos vacíos. Mi enfado aumenta al mismo ritmo en que voy tomando mentalmente unas cuantas decisiones relacionadas con nombres y despidos.

La puerta cerrada de mi despacho descoloca nuevamente mi rutina ya que suele estar abierta cuando yo no estoy dentro. Eso significa que hay alguien dentro, pero… si no soy yo, ¿quién…?

̶  ¡Feliz cumpleaños Antonio!  ̶ gritan en coro con un evidente tono ensayado.

Si lo pienso bien, es un poco triste que tus propios compañeros te recuerden el día de tu cumpleaños pero no sería quien soy ni tendría lo que tengo, si estuviera pendiente de ese tipo de cosas que no puedo controlar. Al fin y al cabo, los años pasan sí o sí. “Compañeros”, he pensado en ellos como “compañeros” y no como empleados. Debo estar flaqueando y eso es el principio del fin. Uno más para la lista: Luis, Laura, Fernández (supongo que tendrá nombre), Pedro y, ahora además, Antonio.

Mercedes E.M.

Mercedes E.M.

Amante desde niña de las palabras que encierran mundos y abren universos.
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Comentarios

  1. Supongo que me perderé detalles al no conocer la película, pero aún así me encanta esta historia, escrita magistralmente, como siempre Mercedes. Y con un final fantástico. Plenamente bordado. Es que esta sección cinéfila da mucho, y la autora aún más…

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