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                El café de los bares tiene ese encanto especial que no tiene el de casa por mucho que se empeñen las cafeteras modernas en imitarlo. Es un placer sin igual esa cremita en forma de espuma que se paladea justo antes de que llegue a los labios el líquido. Sí, lo tenía claro, era adicta al café y tomarse un capuccino allí, en Roma, era el summum para ella. En aquella ciudad especial podía pasar desapercibida y, a pesar de que a su alrededor todo parecía un caos de coches y ruido, ella estaba como en una burbuja.

            Estaba en esa fase de los primeros días en que la culpabilidad por no estar donde se suponía que tenía que estar aún asomaba de vez en cuando en su cabeza. Todavía miraba a su alrededor, al resto de las mesas de la pequeña cafetería esperando descubrir alguien mirándola fijamente. Es el tipo de miradas que se le dedican a quien está fuera de su habitat pero era una cuestión de tiempo eliminar el espejismo del “debería estar…”.

            El aroma, ¡ay el aroma! ¿había alguna otra cosa capaz de seducir a la vez por olfato y gusto de aquella manera? Podría vivir haciendo turismo cafetero el resto de su vida: Italia, Colombia, Jamaica, Yemen… pero su “pequeña” escapada tenía los días contados y su duración dependía de su habilidad para escabullirse. Uno puede intentar liberarse de las cadenas que sigilosamente te van atando conforme avanza la vida. Se puede decir ¡hasta aquí! y romper con todo pero eso es bastante más complicado cuando ya naces con ellas. Si algo ha formado siempre parte de ti, despojarte de ello es como convertirse en otra persona y eso supone un esfuerzo titánico.

            Sabía que ya habían aparecido los primeros cuchicheos cuando su marido se presentó solo a la toma de posesión de su cargo. Él, como en otras ocasiones, mintió argumentando que Anna no había acudido por unas repentinas migrañas. A ella le hacía mucha gracia esa excusa, era tan típica y tópica. Sobre todo teniendo en cuenta que jamás le había dolido la cabeza. Se sentía poderosa porque el derrumbe de la espléndida carrera de aquel hombre intachable dependía de ella y, sin embargo, ese poder de nada le valía porque no lo ponía en práctica. Era mucho más importante vivir cara a la galería aunque de puertas para adentro el escenario fuera de cartón piedra.

            Los colibríes proliferan espléndidamente en los cafetales porque tienen todo lo que necesitan. Son rápidos, ligeros y es casi imposible atraparlos. Condenarlos a la cautividad supone asegurarles una muerte lenta.  La calle, el bullicio de Roma, la mesita, el café humeante significaban la puerta de la jaula abierta por un instante.

 

Mercedes E.M.

Mercedes E.M.

Amante desde niña de las palabras que encierran mundos y abren universos.
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Comentarios

  1. Yo siempre te leo….sublime…como siempre.¿Sabías que fue la primera película de la historia de Hollywood que se rodó íntegramente en el extranjero?¿Y que Gregory Peck no quería a Audrey Hepburn como protagonista porque le iba a eclipsar?¿Y que el William Wyler, el director, no era el elegido y lo fue casi de rebote?…te podría contar unas cuantas anécdotas de ésta pelicula.

    1. Muchas gracias Luisa. Sabía lo de que fue la primera película de Hollywood rodada en su totalidad en el extranjero pero no conocía las otras dos “curiosidades”. Siempre es un placer aprender.

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