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Nunca había sentido ningún tipo de carencia en ese sentido. Tenía la teoría de que las carencias se sienten y se notan cuando conoces lo que has perdido, lo que no tienes… Si nunca lo has tenido, sólo te queda imaginar y la imaginación es tan libre que podía llenarla con lo que quisiera y vaciarla de lo que decidiera. De niño jugaba a imaginarse lo que sería tener esa presencia en su vida pero realmente pensaba que de la misma manera que había muchos tipos de vidas diferentes, también había muchos tipos de familias. La suya era así: él, su madre, sus abuelos y punto. Nada más y nada menos. Nada sobraba ni nada faltaba.
¿Qué pasaría si un día aquel hombre se presentaba ante él? Probablemente nada. Le daba una pereza infinita el solo hecho de pensar que tenía que informarle sobre los 25 años anteriores. Sabía que por mucha información que le diera, se quedaría corto porque se pueden contar los acontecimientos de una vida a grandes rasgos, los momentos “cumbre” pero no todas las pequeñas cosas  que realmente conforman la existencia: el primer día de colegio, los nervios la noche de Reyes, la fiebre nocturna que velaba su madre al pie de su cama, sus primeros paseos en bici…
Realmente, sus razones para no estar también podían ser válidas, objetivamente comprensibles y justificables. La cuestión es que eso poco importaba para una ausencia vital porque los motivos no harían nunca que la vida hubiera sido de otra forma. Es tan sencillo como “sí, pero no estabas…”, “comprendo, pero no estabas…”. En francés emplean el verbo “être” para esas dos acciones que no son lo mismo pero que en este caso se retroalimentan para existir. En cuestión de paternidad para “ser” hay que “estar” y sólo puedes estar si tienes claro lo que eres. Quizá su padre no lo supiera y por eso se marchara persiguiendo su propia esencia después de haber dejado en el mundo un pedazo suyo.
Plantado delante de él le escuchó pronunciar: “Yo soy tu padre”. Él sólo pudo sentir que sobraba todo: el “ser”, el posesivo y el título y pensó que debía ser duro volver de la oscuridad y encontrar las puertas cerradas.

Mercedes E.M.

Mercedes E.M.

Amante desde niña de las palabras que encierran mundos y abren universos.
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