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Arrecian serpientes de lluvia

en la esquina del desamor.

Taladran con vigor y furia

los rayos olvidados del sol,

la quimera de sentirla tuya

el último beso entre los dos.

 

Porque te amé con otros labios,

viajeros en cualquier tren

y te acaricié con otras manos

hurtando el deseo a mi ser,

viviré del miedo a hoy quererte

y la felicidad de navegar por tu boca

esperando a que  tu aliento me acoja

cómo el huérfano de esa mirada que fui.

 

Porque jugué de noche a purificarnos 

arrugando poemas en este papel

y te adoré perdido entre otros ojos

ya que tu cuerpo nunca lo tendré,

me engañaré cuando no alcance a verte,

infiel a lo que el recuerdo me proponga,

sin importarme las lágrimas que ya asoman

ni el miedo a quedarme vacío de ti.

 

Se vuelve la noche negra y turbia

sabiéndola eterna con mi dolor,

perdido entre la visión estúpida

de mí como inocente soñador.