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Quienquiera que siempre haya pan caliente,
para aquellos que mordieron silentes
el polvo de las estrellas.

Dios mediante que siempre haya un cielo,
para aquellos que acercaron dispuestos
el fuego eterno de sus hogueras.

Ojalá que siempre haya consuelo,
para aquellos que marcaron con sueños
los pasos de nuestra senda.

Quien quita y siempre haya amparo,
para aquellos que limpiaron el barro
infausto de nuestra huella.

Estribillo:
Ojalá que llegues porque requiero,
que con tus huesos, tu piel y besos
prendas los leños para este invierno,
con el calor de tu primavera.

Deja tu desdén y tu disgusto por mi letra,
que esta vez el fuego cantó callado
La Canción del deseo sosegado.
Y mi embriaguez, volcada por tus caderas.

Ojalá! Si, ojalá que el destino reviente,
a aquellos que mostraron sus dientes
aviesos como las fieras.

Quien quita y traigas de la mano sosiego,
para el exilio, con el desafuero del ego.
Y el frío lejos de mis aceras.

Ojalá que llegues porque requiero,
que con tus huesos, tu piel y besos
prendas los leños para este invierno
con el calor de tu primavera.

Ojalá que llegues porque requiero,
que con tus huesos, tu piel y besos
colmes mi hambre y sed de sueños,
por hoy, y por muchas eras.