Cómo reconstruir la vida con palabras
sin desdicha ni sombras,
con palabras que no sean vacías
y por supuesto que no estén tristes
ni comprometidas con la víscera,
apartadas del desamparo y el infortunio
o escondidas bajo el subsuelo
lejos del absurdo vértigo de los desaciertos.
Vamos a juntar palabras bañadas de luz
a la orilla de las sendas olvidadas
en los libros de páginas sepias y claras
queda buscar debajo de las piedras
a las que tienen aliento y esperanza
y se refugiaron cuando los ayees inundaron
los huertos y comunidades
invadiendo como una ola de desolación
cuando el prójimo mataba al próximo
en guerras inciviles,
y sus sinónimos eran desgarros de hiel
y su herencia acopio de despojos.
En el paraje del rumbo cierto hay palabras
inéditas, incomparables, serenas, transfiguradas
que quisieran mudarse al sendero de la comprensión
y te abordan por sorpresa con su anhelo
de caminar acompañadas y sin llanto
con la alegría permanente en los labios
que las delata porque en el poema-cielo,
avizoran algo…
Sigamos juntos pensando en la vida
es preciso volver a construir camino
donde las palabras no sean grito ni angustia
y se distinga su silbo del viento con cólera.
Cuando abras las ventanas de tu alma
que se escuchen las voces que convocan,
las palabras que reconstruyen sabias
y que los sueños que engendramos juntos
no se mueran ni paguen con lágrimas.

Heredero anónimo de la herencia anímica de los Migueles (Cervantes, Unamuno, Hernández y Ahumada), aunque éste último era campesino resultó ser un padre sabio y mi "Arcángel" de la guarda. Precoz en el arte de salir adelante, aprendí a capotear temporales y empecé a trabajar a los 8 años, en múltiples tareas locales: Pastor, lustrador de zapatos, pizcador de algodón y un largo etcétera. A los 11 años ya era económicamente avieso, "autosuficiente", o al menos eso creía. Soy inmigrante en mi propio país, residente desde los 15 años en tierras lejanas a las que me vieron nacer y, en vez de “rayo”, tengo una "estrella que no cesa", casada conmigo, 3 hijos que son mi mayor orgullo. Benedittiano químicamente impuro, por Mario; quién más. Ingeniero Civil, con 3 especialidades de postgrado, en distintas disciplinas correlacionadas por diseño propio a mi profesión; amo la arquitectura, soy constructor por necesidad, convicción y por terco. Las letras son mi pasión, desayuno y ceno proyectos, de comida tomo agradecido todo lo que Dios pone en mi mesa, soy de carnes magras y huesos malagradecidos, Insomne antes que "soñador" y arreglo "mi" mundo un día sí y, el otro también. Autor de 5 libros de poesía, y una novela inédita, actualmente diseñador de Modelos de Gestión en Políticas Públicas, Asesor de gobiernos locales, con logros nacionales e internacionales, aporte aprendiz de los Derechos Humanos aún zurdos. Admirador incondicional de todos los que hacen y construyen con su letra, amante de la poesía musicalizada, pienso en verso y la rima me gobierna. Amigo dispuesto y solidario a carta cabal y eterna.

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