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Si maldije o hice
algo que no debí, perdón.
Es verdad que nunca quise
lastimar tu corazón.

Siempre fueron tristes
los caminos de la sal.
Perdón si te malquise
o no te supe amar.

El blanco y negro reviste
el sendero de la cal y el carbón.
La senda vieja ya no existe
por no saber pedir perdón.

A la sombra triste y fiel
que camina conmigo
bebiendo tragos de hiel,
los pasos lento le sigo.
Y humilde pido perdón,
a la vera del camino
que nos lleva al paredón.

A la sombra de mi mano
siempre fuiste por amor,
plantando tu huella sin desgano
en los pasos que dejaba mi dolor.

A la sombra que alumbra
la penumbra donde habita el olvido.
Un perdón repetido le pido
perdón sin descanso, sin respiro.

A la sombra que me nombra
con tristeza por mi nombre
cuando llega el desamor y sus fobias,
le pido perdón por lo pobre.

Perdón, si nunca supe amar.
Perdón, si algo hice mal.
Perdón, si nunca pude perdonar.
Perdón, por no superar al animal.

A la sombra que me enfrenta
y que me embiste,
la que bebe tragos tristes
con los versos de la afrenta.

Le ofrezco en vasos rotos
los besos del desgano,
un trago de perdón sin alboroto
en el cuenco humilde de mis manos.

A la sombra que nos cubre
el desamparo sin reclamos,
a la que siempre limpia el fango
sin cobros ni reparos.
Un canto alegre y libre
con rancheras, trovas y fandangos.

A la sombra que descombra
con la ventura de sus manos
sin decirnos nunca nada.
Un verso libre a contramano
y el perdón de esta canción empecinada.

Pantano que nos hunde y nos cobra,
versos tristes de desamparo y quimeras,
saldos rojos y tristes de una alcoba
donde nace esta canción sin primaveras.