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Las cosas mudan precipitadas al futuro

y la historia busca atajos llevaderos

¿Dónde quedarán los apegos y su memorable calor?

Si el termómetro anuncia un cambio mundial.

Ese, quizá sea un apocalipsis desatado por la soberbia,

la dejadez, el desdén y el descompromiso,

amén de los intereses imbatibles y oscuros.

Más allá de nuestro insuflado ser, vestido de logros pingües

que exaltan a Ego, preciado Dios eterno que adora el vacío.

Mi sed ha de beber de tu sed,

de tu menospreciada claridad,

para que sobreviva la razón que fallece,

el recuerdo fortalezca el tesón de tu memoria,

Y la tierra incansable perviva en la esperanza,

ese pertrecho inocuo contra la sequía y los ciclones,

testigo de cómo juntos construimos vida y clausuramos el olvido.

El agua limpia se presume en los embates de la plastificación

Y la compremos envasada como agua de colonia,

lagrima del último dragón,

sudor de Messi, Ronaldo, Tom Brady o James Bond,

suplidos en potencia por otro héroe; nunca heroína,

porque a decir de sus detractores,

el vocablo invoca vicios y sendas turbias;

Ha de tener piel de color para soñarnos por fin iguales.

Y acentuar el misticismo.

Y negar los intereses comerciales.

Sin que nadie se entretenga en tu presencia

que benditamente ha perfumado el trozo de tierra prometida

que nos tocó vivir en suerte.

Pero el Dios que vendrá…

habrá de ser mujer,

en respuesta a nuestro anhelo de evolución;

rotundamente libre y ferozmente sabia,

porque no hay humanamente

otra manera de curarnos todas las heridas.