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Del orgullo uruguayo, aprendí de Galeano;
el oficio de mover las piedras,
-aunque debajo de éstas habiten fieras-.
Y de sus letras el vuelo que proclamo.
Voy por su tierra…
con la nostalgia de los pájaros,
el coraje de los toros,
el ladrido de los perros
y el desvelo de sus poetas
por morder la luna llena.
Que coqueta se asoma, toma nota
y rinde cuentas…
con su insomne dolor por los tejados.
En su rambla, la libertad exalta el aire
y el viento canta tangos y milongas.
Un río sin complejos sueña a ser mar,
abunda su sosiego y lava la sangre de su costado.
Artigas al trote como acicate planetario
reclama justicia para los marginados.
Benedetti-dardo claro, en sus versos maduros y libertarios
Viene, ve y vence a los profetas del pasado.
Roque Dalton-unicornio extraviado y justamente reclamado
pinta de azul los versos de un poeta hermano.
Los gritos aplacados aún duelen en los bajos.
Y la sangre-savia nutricia, que brota de las raíces.
siembra flores, goles, canciones, churrascos y pasado.
Pepe Mujica pone al alza el valor de sus paisanos.
En tanto… calmo y grave, un lobo estepario,
un desterrado a modo, un solidario subversivo,
reclama la potestad de unos versos revolucionarios.