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Aunque despotricara, en el fondo era consciente de que no podía culparla por esa decisión. Al menos, no del todo. Se daba perfecta cuenta de que él había contribuido en gran medida al fracaso de la relación. ¿Cuántas infidelidades había terminado por perdonarle ella? Su excusa siempre solía ser la misma: las grupis se le echaban encima, lo perseguían, se aprovechaban de la situación. Al final lo hacía sin darse cuenta. Se dejaba llevar por las circunstancias, aunque se arrepentía enseguida. Muchas veces iba tan colocado que ni siquiera recordaba lo sucedido. Después de la resaca le juraba que su amor era para ella y solo para ella. Que aquella sería la última vez. ¡Cuántas mentiras…! En los momentos de sobriedad se avergonzaba de todas y cada una de ellas. Pero luego tomaba unas copas o se fumaba unos petas ―con o sin su raya de coca, según se terciara― y se olvidaba de todas las promesas que le había hecho. Y todo volvía a empezar. Nunca había pensado con seriedad en poner fin a sus adicciones, aunque también aquello se lo había prometido un millón de veces: otra de las muchas promesas incumplidas.
Pero que fuera ella la que cortara con la relación era algo que no se esperaba. La quería demasiado o tal vez solo la necesitaba. Qué más daba: el sentimiento de abandono era el mismo. El hecho de saber que era él quien se lo había buscado no mitigaba su dolor. Por primera vez se sintió protagonista de sus propias canciones, cuyas letras desgarradas hablaban de héroes solitarios, de perdedores, de inadaptados que casi siempre terminaban mal. Entonces volvió a recurrir a lo que sabía que lo calmaría. Tras encenderse un canuto y meterse una raya, agarró también la botella de whisky y empezó a beber sin control. En unos minutos estuvo lo bastante puesto para que sus penas se disiparan y una sonrisa bobalicona asomase a sus labios. Ya no importaba nada. Todo fluía. La mente otra vez en blanco.

Avelina Chinchilla Rodríguez
Soy médica de profesión (con la especialidad de microbiología clínica) y escritora por afición. He publicado en antologías de relato y poesía. En solitario tengo tres libros de poemas "El jardín secreto" y "Paisajes propios y extraños" y "10 horizontes para una tierra de versos", un libro de relatos "Y amanecerá otro día", una novela romántica "La luna en agosto" y una juvenil, "El inspector Tontinus y la nave alienígena", primera entrega de la saga Univero Belenus. Cada nuevo proyecto me llena ilusión me hace avanzar.
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