Tras la terrible discusión que había mantenido con Alicia, Ignacio había vagabundeado sin rumbo durante un par de días. Al fin, la noche anterior había recalado en casa de Emilio, su jefe además de amigo. Llegó muy bebido,  a decir de él mismo, con una buena cogorza, moña, merluza, melopea, tajada, curda, pedal… ―se podría decir que conocía todos los sinónimos de borrachera que se encontraban en el diccionario y algunos más―.

Le habían dejado dormir la mona en el sofá y se había despertado, ya por la mañana, en unas condiciones bastante lamentables. Después de todo, se daba cuenta de que no había sido tan buena idea tratar de olvidar sus penas mediante el consumo desenfrenado de bebidas espirituosas. Abundando más en el tema, no había conseguido su principal propósito, ya que seguía recordando punto por punto todo lo ocurrido, y además era consciente de ser el único culpable por comportarse con Alicia como un auténtico zoquete.

No había sido capaz de aplacar la ira de Alicia y eso le preocupaba. Sentía que su relación con ella, que era lo único que de verdad le importaba, se le estaba yendo de las manos. Solo sabía que la quería con locura, que era lo mejor de su vida y que estaba dispuesto a todo con tal de que las cosas volvieran a ser como antes.

¿Cómo había podido enterarse de su aventura en esos pocos días en los que ella se había ausentado de la ciudad para visitar a su hermana? Desde entonces no había hecho otra cosa que escurrir el bulto, creyendo que ella se olvidaría del tema. Pero esa conducta, lejos de apaciguarla, la enfurecía todavía más y las cosas entre ellos habían ido de mal en peor hasta que la situación se había descontrolado por completo.

Se sentía culpable al margen de que ella lo hubiera descubierto. No solo no le había sido fiel a ella sino que tampoco había sido fiel a sí mismo. Eso le hacía sentirse incómodo, incluso cuando ella callaba, pareciéndole entonces, que aquello era un mudo reproche por su parte. Se mostraba lejano porque se sentía avergonzado por su comportamiento.

Por el contrario, Alicia creía que era porque ya no la quería. Cada vez la distancia entre ellos se había ido haciendo más grande.  Ahora ya parecía un abismo insalvable.

Todo había sucedido de forma casual. Él había salido a tomar unas cañas por la noche, a ver si se encontraba con alguno de sus colegas del barrio, ya que tras su marcha, la casa se le venía encima. Sin embargo, con quien se topó de cara, fue con una maciza que no se cortó en tirarle los tejos de una forma descarada. Al principio se hizo el estrecho, pero Ignacio acabó seducido por su insistencia y su enorme sex-appeal. Si Alicia hubiera estado cerca de él en ese momento crucial todo hubiera sido diferente, pero ella se hallaba a muchos kilómetros de distancia y su solo recuerdo no fue suficiente para que Ignacio pusiera freno a sus instintos libidinosos. Entonces ocurrió lo inevitable.

No se sentía especialmente satisfecho por lo sucedido. Incluso una vez pasada la euforia del momento no había parado de remorderle la conciencia, no haciendo si no reprocharse su conducta una y otra vez. Pero sí, se los había puesto a Alicia hacía apenas un par de semanas.  Y bien grandes, por cierto.

Estaba seguro de que Alicia lo sabía o, cuando menos, lo sospechaba y él estaba echando a perder el amor de su vida por culpa de aquella fatídica noche en la que no estuvo a la altura. Aunque ya había tomado una decisión al respecto: volvería a casa, se lo confesaría todo con valentía y le pediría perdón de forma humilde y sincera. Tal vez así conseguiría una segunda oportunidad.

Avelina Chinchilla Rodríguez
Soy médica de profesión (con la especialidad de microbiología clínica) y escritora por afición. He publicado en antologías de relato y poesía. En solitario tengo tres libros de poemas "El jardín secreto" y "Paisajes propios y extraños" y "10 horizontes para una tierra de versos", un libro de relatos "Y amanecerá otro día", una novela romántica "La luna en agosto" y una juvenil, "El inspector Tontinus y la nave alienígena", primera entrega de la saga Univero Belenus. Cada nuevo proyecto me llena ilusión me hace avanzar.
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