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Me llamo Aria y soy lo bastante joven como para poder presumir de serlo, pero a la vez mi mente acostumbra a viajar unas cuantas millas más allá que la mayoría de mi alrededor, gente a la que estoy segura que les falta más de un consejo o un abrazo sincero y no tanto mirarse al espejo y aparentar todo el tiempo.

¿Qué porque digo esto? Pues veréis, una acaba sintiéndose no una más, sino una menos cuando el mundo que le rodea no tiene nada que ver con lo que pasa por su cabeza. Tenía claro que no quería ir a esa fiesta, pero luego he pensado que quizás todo aquel esperpento me inspiraba para escribir.

Dicho esto, me pongo un vestido rojo burdeos, me aliso el pelo que ya me llega por la cintura y me ato una máscara que me cubre todo el rostro. El verde de mis ojos brilla en la noche, ojalá fuera Halloween, siempre preferí el honor a los muertos que a los vivos.

La noche pasa tranquila, brindo con mis amigas sin mucho entusiasmo, pero me siento bien, buena música, disfraces graciosos, la prepotente de la clase sin un zapato y de más imágenes que tú mismo puedes imaginar.

No bebo normalmente, aunque quizás una copa me siente bien. Mientras me sirvo alguien me toca el hombro y me susurra algo que no acabo de entender; me agarra fuerte de la cintura y consigue que mi cuerpo quede frente a él. Por un momento, me quedo congelada sin saber muy bien qué hacer, pero luego recuerdo que no se me ve la cara, no obstante, a él tampoco.

Intenta arrastrarme a la pista pero yo me resisto, ¿qué se ha creído? Va borracho y se tambalea cuando le empujo. Nadie nos ve porque todo el mundo está inmerso en su mundo, sin embargo no me da miedo y eso parece descolocarle. Se esperaba a una chica endeble, menos ácida y con una par de copas de más. Sonrío para mis adentros, esta sociedad no dejaba de sorprenderme.

―Bajo mi máscara mando yo― le digo mientras me la quito y le miro a los ojos―, si querías bailar solo tenías que preguntar, pero te diré una cosa, no quiero bailar contigo, ¿comprendes?

Dicho esto, agarro mi copa y me dirijo hacia la puerta de salida. A mí no me da miedo ir sin máscara, a mi no me da miedo decir que no, tú en cambio, cabeza hueca, no eres ni un poco valiente y prefieres abusar de los que crees más débiles cuando aquí yo soy la reina y tu el peón.

Feliz Carnaval, hombre sin rostro.

Abril
Me llamo Judith Martí, una chica normal y corriente dentro de lo que se pueda entender como normal. Me hago conocer como Abril en cada escrito (aunque eso es ya otra historia). Me encanta escribir y eso es de las pocas cosas que tengo claras. Vivo en Barcelona y espero algún día publicar una novela o un poemario... o ambas cosas, quien sabe. A todo el que me lea, estés donde estés, gracias, no sabes lo importante que es que mis palabras te lleguen.
Abril

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