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Él iba caminando solo por la calle con sus ojos repletos de felicidad, recordando el último carnaval que vivió junto a ella, y pensó si la volvería a ver en aquella cabalgata carnavalesca. Se preguntó a si mismo si ella habría cumplido la promesa que se hicieron en la playa del Carmen bajo la luz de la luna. Él si la había cumplido, y no solo eso, no hubo un solo día en que su corazón no latiera con su nombre, no hubo un solo día en su mente que no floreciera el beso con el que sellaron aquella promesa. Llegó a la calle principal y se colocó en el mismo lugar donde la conoció y con el mismo disfraz; el de Einstein. Sacó un cartón blanco de la mochila y lo agarró ilusionado, aquel letrero improvisado decía en letras rojas: Yo he cumplido y ¿tú? Pasaron las horas y no aparecía en ninguna cabalgata, pero él no perdía la fe. Se juró que de allí no se movería, y así fue. Las estrellas comenzaron a resaltar el misterio de la noche, y la última cabalgata pasó delante de él llevándose su esperanza de volver a verla. Sintiéndose traicionado por el amor se fue abatido a la playa del Carmen y se sentó en el muro. Dejó que sus ojos entristecidos se perdieran en la inmensidad del mar. Una mujer con una máscara se sentó a su lado y le dijo.

— Hoy es un día para estar feliz y acompañado, ¿qué haces aquí solo?

Se quedó callado unos segundos. Tragó saliva y le respondió con una voz apenada.

—Había quedado con una chica, pero no ha aparecido… que tonto soy.

Ella posó su mano en su hombro.

—Desahógate conmigo.

Dudó un instante, pero necesitaba liberar aquella pena que le oprimía el pecho.

—El año pasado por estas fechas conocí a una chica accidentalmente. Se cayó de la cabalgata y la sostuve en mis brazos. Estuvimos todo el día juntos, parecía que nos conocíamos de toda la vida, era divertida y muy cariñosa, le encantaba darme abrazos. Nos enamoramos. Nunca he sentido un amor tan sincero por nadie. Ella vivía en Londres y su vuelo salía al día siguiente. Me dijo que si lo que sentíamos era verdadero nos esperaríamos hasta el próximo carnaval, y lo sellamos con un beso. Ella no ha aparecido… Nunca he dejado de pensar en ella.

Ella se levantó. El seguía absorto. Se puso detrás de él y lo abrazó.

—Yo tampoco he dejado de pensar en ti.

Ella estuvo todo el día en la valla de enfrente observándole sin que él fuera consciente. Necesitaba estar segura de que él la quería como ella lo amaba.

ismaeltenoriogorrin

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