Noche de alegría donde se desborda el desfile de carrozas y chicas modelando sus trajes, contorcionándose al compás de ritmos de chicheros y bandas musicales, a ambos lados multitudes de personas disfrutando del evento. Que mal para mi ese día, recién salía acompañada de mis hijos, de una fiesta de quinceañera, doce de la noche, sin mi carro por estar descompuesto, que lata esperar un taxi y nada que aparecía, con la cara descompuesta del enojo, comenzamos a caminar con mucho temor por las calles oscuras cuando de pronto se escucharon risas, gritos, música, cohetes y todo lo que se puede dar en un carnaval, era la gente que con gusto lo disfrutaba.
De pronto aparece el taxi que tanto añoraba, reflexioné y dije mirando hacia el lugar de donde provenía el carnaval:
No vale la pena enojarme, es una vez al año, todos necesitamos de ese espacio de algarabía, a reír yo también y a pasarla bien mientras llego a casa.
¡Viva el carnaval!

Daysi Baquedano.
Managua, Nicaragua.

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