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El verano es una estación singular, da igual donde estés; se te abren los poros del alma y sientes todo, vives galopando sensaciones que tragas a borbotones. Hoy subo al desván de mi memoria para acariciar aquel instante en que me fundí en una gaviota. Llovía, caía la bruma, y el mar y el cielo se vistieron de un gris profundo. Una gaviota blanca estaba a mi lado en aquella playa rubia. De pronto, desplegó sus alas y yo la seguí. Fue una sensación de libertad y misticismo al mismo tiempo mientras saboreaba la sal en mis lágrimas de gratitud.