Cuando llegué a la ciudad, en mi temporal trabajo como entrenador personal en un gimnasio de alto copete, dí forma a cuerpos que allá, en mi pueblo, sólo se veían en las revistas que traían de Francia los que volvían de la vendimia.
En ese paréntesis de mi vida y gracias a mis alumnas, conocí la pasión, aunque no el amor, así que, cuando comencé mis estudios superiores, me enamoré locamente de un cuerpo diez con ojos verdes que no me correspondía. No obstante, mi sentimiento, lejos de desistir, me animaba a seguir sus pasos allá donde se dirigía, sintiendo que había comenzado la decadencia de mi viril atractivo.
Irremisiblemente, perdí la seguridad en mí mismo y gran parte de mi cabello, a causa de esa esquiva mujer que no daba señales de querer ser para mí.
Pasado un tiempo, al no reparar en mi presencia, y necesitando sentirme enamorado, volqué mi interés en Purita que, haciendo honor a su nombre y, a pesar de sus escasos atractivos físicos, era un verdadero ángel que me premiaba con castos besos de sabor ferroso, merced a su aparato dental. Le juré que siempre adoraría esos ojos que adivinaba castaños a través de los gruesos cristales de sus gafas, y suspiré de tal forma que dañé mis costillas flotantes.
A pesar de no haber conocido el amor romántico que esperaba, decidí pasar el resto de mi vida con ella y lo hijos miopes que trajera al mundo.
Después, la vida, rodó tranquilamente.

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

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Comments

  1. Debo decirte, Gemma, que este ha sido uno de mis tres relatos favoritos del desfío relámpago. ¡Me encanta esta historia! Tremendamente divertida y simpática. Desconocía, como es lógico, que fuera tuyo. Mis felicitaciones por dar tanto en tan pocas palabras.

     

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