Sesenta y cuatro casillas conforman el tablero. La partida ha estado reñida, blancas contra negras. Un peón blanco dio el primer paso y, poco a poco, todos los peones fueron cayendo en la batalla que suponía el juego; tan solo por proteger cada bando a su propio rey.
Un caballo negro hizo un movimiento arriesgado y, por ello, terminó siendo abatido en manos de uno de los alfiles blancos, el cual, a su vez, fue derrotado por la torre de su contrincante.
El rey blanco observaba impasible como todos sus vasallos fueron cayendo en la cruzada, hasta su hermosa reina había sido sacrificada. El blanco soberano trató de huir, pero ya era imposible; una voz se escuchó de fondo, a lo lejos, jaque mate. La reina negra fue la que, vilmente y sin ningún tipo de escrúpulo, asesinó al rey blanco. Ecos de trompetas se escucharon en derredor, a lo que otra voz gritó revancha y todo, volvió a comenzar.

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