Llegué cansada, me quité los zapatos y, aligerando mi ropa, me recoste en el sillón.  Necesitaba desconectar y entonces, los vi.
Allí estaban, sentados, maquillados por profesionales y luciendo las hinchadas cicatrices de múltiples maniobras para  mejorar sus facciones, ajadas por el tiempo y los excesos.
Se equivocaban, su fealdad era mucho más profunda,  debían haber recurrido a un hechicero, un cirujano de almas o un exorcista.  Su podredumbre se  vislumbraba en los gestos de complicidad que intercambiaban entre ellos.
Buscaban,  como carroñeros, sabrosos defectos en otros tantos vividores, por otra parte, tan nauseabundos como ellos mismos y, entonces, sentí la violencia de sus mutuos zarpazos que,  en el caso de seres equilibrados, podrían haberlos hundido para siempre.
Apagué la tele.
Lo peor de la basura es que te la vuelquen en casa.

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

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