Recuerdo cómo se empeñaron en que nos conociéramos.Lo tienes que conocer, me decían. Como si presagiasen la necesidad de unir a dos almas perdidas que deben reencontrarse, quizá vieran similitud o necesidad pero, ¡ lo agradezco tanto!.
El día que te vi entrar por la puerta y te dirigiste a mí entre toda la gente que allí se encontraba, sentémonos – me dijiste- . Ese día, entre ruidos, gente, absortos permanecimos el uno del otro, como si no existiese mundo, ni gente, solos tú y yo.
Rememoró la conversación, carente de significado, hasta hablar del tiempo me resultaba interesante contigo. Más bien, me importaban esos sentimientos, pasiones, que despertabas en mi.
Más tarde vino el cálido tiempo, recostados el uno al lado del otro, entre caricias, palabras, miradas, desaparecía el tiempo, dejaba de existir. Perdía yo tan subversiva dicha capacidad, sintiéndome mujer estando a tu lado. Lejos de ti luchaba contra este sentimiento, tan feminista yo, sentirme mujer por estar a tu lado.

Contestasme pronto, necesito que me vuelvas a hablar de los elefantes, eran blancos o eran colinas. Siempre tuya.

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