Natalia siempre quiso ser la mujer de un escritor, también se creía una Gheisa, o la reencarnación de Marilyn Monroe, pero su efímero atractivo no resistió el paso del tiempo. Nada en ella fue auténtico, excepto la oscuridad, y la confusión de no saber qué personaje interpretaba en cada momento. Ese era su encanto, aprovechar el desconcierto que aquella maravillosa sonrisa provocaba en los hombres.
– Es penoso, pero no está viva -masculló mientras le tomaba el pulso-, nunca pensé que alguien pudiera fallecer así, aunque al menos ha tenido la dignidad de hacerlo voluntariamente.
Causa de la muerte: intoxicación por una sobredosis letal de decencia -muy profesional, escribió.
Firmó el certificado, cerró el libro y mirando sin nostalgia su cuerpo que tan bien conocía, recordó que en esta ocasión no se había cumplido aquella frase que ella tanto gustaba repetirle: lo que no mata te hace más fuerte.

 

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