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Dos años han pasado desde la última vez. Dos años largos, amargos y grises. Dos años, en los cuales no he hecho otra cosa que pensar en tí.
En tus besos, en tus ojos, en tus caricias… Huí como un tonto que escapa de un perro dormido. No fuí capaz de decirte lo mucho que te quiero y, todo, lo que significas para mí.
Por eso he vuelto, porque un hombre que se llame hombre, si ama a una mujer, como yo te amo, se lo dice aunque ella pueda rechazarle.

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