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Quise que aquella fuese la última vez que sufriesen, ya que mi denuncia le había apartado del núcleo familiar. Aunque nos había hecho sufrir muchas veces, no podía soportar ver llorar a mis hijos cada vez que me preguntaban, si papá volvería por Navidad. Mi conciencia no descansaba tranquila, cada noche le pedía a Dios que me diese fuerzas para perdonarlo por ellos. Pero algo tenía que hacer por mis hijos. Entonces llegó el día del juicio, un careo al que temía, a pesar de que me dijeron que no le vería la cara. Sin pensarlo dos veces llamé al abogado, no existirían ya más barreras que lo impidiesen, los niños tendrán a su padre y yo mi conciencia tranquila. Su papá volvería por Navidad, pero mi exmarido se volvería a marchar al terminar las fiestas, ese sería mi gran regalo.

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