TENTACIÓN
Aquella no era una mañana como las demás, aunque algunos rayos de sol se abrían paso con dificultad entre las nubes, ella estaba decidida. Se levantó decidida, ya no iba a aguantar más, se había cansado de esperar una oportunidad, que, ya tenía claro, no le caería del cielo. Tomó una ducha, tras la cual se sirvió café y luego se dispuso a vestirse. Su mejor arma, la determinación de acabar con aquella situación de una vez por todas. El vaivén de sus caderas acompasaba un taconeo que anunciaba su llegada. Allí estaba él, portador de una arrogancia que la volvía loca. Se acercó, y, mostrándole la generosidad de su escote, lo tomó por la corbata y decidió saldar cuentas. Comenzó en su boca, en la jugosidad de sus labios, en la calidez de sus manos, y rendida a la tentación, saboreó la fruta prohibida.

Begoña de la Rosa

Begoña de la Rosa

El susurro del mar es mi nana favorita mientras me dejo atrapar por sus idas y venidas incesantes. Soy parte de su bravura en los días de tormenta y remanso de paz en las tardes de verano en las que el sol coquetea con la luna antes de sumergirse lentamente entre sus aguas. La exquisitez del aroma del chocolate, su fuerza y su cuerpo forman parte de mí como lo hace el aire. Sin oponer resistencia soy presa de su embrujo como lo soy de las palabras, que se agolpan en mi pensamiento pidiendo a gritos a mis manos que las deje volar. Y como un soplo de aire fresco que entra por la ventana las libero y permito que viajen por un folio en blanco que en pocos segundos recibe parte de lo que soy capaz de crear.
Begoña de la Rosa

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