Mientras te escribo, intento recordar el roce de tus manos, de tus ojos, de tu piel… y es hermoso sentirte como siempre, así, táctil, poderosa, entregada detrás de cada una de las rugosidades de estas líneas perdidas, prever el relieve de tus palabras, de cada uno de tus gestos, de tus imágenes. Siempre intensa, plena, tan hambrienta de mí como yo de ti.
Es no terminar nuca de amarte, de improvisar, de empezar de nuevo, de resurgir una y otra vez, entre caricias, cicatrices y sueños compartidos, hasta alcanzar ese momento infinito que encierra el amor después del amor.

 

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