Hubiera hecho y deshecho la labor durante días, meses y años. Las hojas otoñales combinaban sus colores al compás de los hilos en sus dedos pero el tiempo había perdido su valor porque el único verdadero comenzaría cuando el joven anciano atravesara la puerta. En ese momento reclamaría su patria, su lugar, a su mujer y a su hijo. El engaño de Penélope mantendría su cuerpo a salvo de otras manos, tal y como Ulises había resistido al canto seductor de cualquier sirena que no se llamara Penélope.

Mercedes E.M.

Mercedes E.M.

Amante desde niña de las palabras que encierran mundos y abren universos.
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Comments

      1. Gracias. Si, participar es decisión propia y, en esta ocasión tenía mis motivos. No obstante, lo principal es que te veamos de vuelta a ti…esa era la “oración principal”. Nos haces disfrutar con tus escritos.Lo de la suerte era, obviamente afinidad.

         

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