Clica para calificar esta entrada!
[Total: 0 Promedio: 0]

Banda callajera South Bronx 1975

Malcom acudió puntualmente a la cita. Se presentó en el hotel a la hora convenida, pero no me encontró. Iba preparado para correr como habíamos quedado. Se extrañó, pero al mismo tiempo se sintió un poco ridículo por haber confiado en un cliente que acababa de conocer. La noche anterior , cuando llegó a su casa, tuvo que convencer a su mujer de que el único día libre que tenía , lo iba a destinar a acompañar a un cliente , un tanto paranoico, a correr por Central Park en busca de una amiga que no conocía, que nunca había visto, que al parecer vivía en State Island y que se ganaba la vida como podía en las calles. Su mujer lo miraba atónita sin saber qué decir ni qué pensar. Era tan inverosímil la excusa que le ponía que no la podía poner en duda. Pero no por eso le molestaba. Habían hecho planes para pasar el día en el sur de Manhattan en la zona nueva de Battery Park , viendo también los nuevos edificios de la Zona Cero para acabar paseando y comprando en el famoso centro comercial Century 21, en busca de una ganga de prendas de marca.

Llevaban dos años casados y todavía no tenían hijos. Seguían viviendo en el Bronx, donde habían nacido. Se conocían desde niños, pero nunca se habían dado cuenta que estaban hechos el uno para el otro hasta que no encontró el consuelo en Charlotte, su mujer, al ser acusado y encarcelado injustamente por la muerte de una amiga común. Sobrevivir al Bronx, rodeados de drogas y delincuentes, era un acto heroico donde muy pocos jóvenes lo conseguían. Hoy en día las cosas son muy diferentes, pero en los años setenta y ochenta no dejarse seducir por las numerosas bandas que existían era prácticamente imposible. Esas ejercían de la familia que muchos de aquellos niños no tenían o no conocían. En el caso de Malcom su madre había intentado por todos los medios aislar a sus hijos de esas malas influencias, llevándolos a misa cada domingo y manteniéndolos ocupados con otras actividades que se realizaban lejos de aqul ambiente. El padre los había dejado abandonados al poco de nacer Malcom, agobiado por las deudas y como un desecho humano por culpa del alcohol. Pero eso era lo más habitual en aquella época y en aquel territorio víctima de la brutal decadencia económica, de la segregación racial y la injusticia. Era la expresión más amarga de la pobreza , la marginación y la desigualdad social. En ese ambiente crecieron Malcom y Charlotte. Residían en el mismo edificio de viviendas sociales , que era un enjambre de personas malviviendo entre porquería y paredes que apenas se aguantaban. No existía intimidad. Entre sus amigas se encontraba Michelle, de mirada dulce y carácter afable. Era la más bonita de la calle y también la más sensible. Soñadora, pensaba que algún día seria bailarina y podría abandonar aquel infecto lugar. Nada más lejos de la realidad. Cayó en las redes de la peor banda del distrito, entrando en una dinámica destructiva que la convirtieron en una caricatura de la niña grácil y delicada que era. Un día poseída por el “mono” fue en busca de Malcom para que le prestara dinero para comprar la dosis de “caballo” que necesitaba. Como Malcom se negó, entraron en una discusión muy acalorada.

-Michelle, ya no te puedo dejar más dinero-le dijo Malcom.

-Eres un cabrón, ¿y dices ser mi amigo? -Le espetó nerviosa Michelle

-Por eso te lo niego y porque tampoco lo tengo. ¿Te has visto hoy? mírate al espejo: no te reconocerás

-¡Ere un hijo de puta! No me vengas con sermones que no eres mi madre

-¿Ya no te quedan pollas que chupar que tienes que venir a pedirme dinero?-le contestó sin miramientos Malcom.

Eso fue demasiado. Si le quedaba un espacio de dignidad en su cerebro, en ese momento emergió. Michelle se abalanzó con furia sobre Malcom. Forcejearon de forma desigual puesto que él era el doble de grande y Michelle no debía de pesar, por aquella época, más de 40 kilos. Malcom se defendía evitando emplear la fuerza. También con ello procuraba que la propia Michelle no se hiciera daño en ese acto incontrolado de ira. En un descuido ella sacó de su bolsillo trasero, una navaja que intentó clavársela en el pecho a Malcom. Él se la sacudió de encima con un ligero empujón. Pero ella era tan liviana y él tan fuerte que fue trastabillando hasta la barandilla perdiendo el equilibrio y cayendo al vacío desde un cuarto piso. Murió en el acto.

Westchester Aves, 1970

***

Miró a ambos lados antes de entrar en el hotel para cerciorarse de que no estaba dentro. “Se estará resguardando del frío ese blanquito”, pensó mientras subía los escalones de la entrada principal. Se dirigió a la recepción.

-Buenos días , Violeta.

-¿Qué haces aquí en tu día de fiesta? -le respondió ella

-He quedado con el Sr. Cardona para correr. Pero no lo veo por ningún lugar.

-Espera , voy a llamarlo la habitación…-Unos cuantos tonos después-.No contesta. En la habitación no está y tampoco lo he visto por aquí.

-Está bien, regresaré a casa.

Cuando volvía sobre su pasos escuchó como Violeta le requería de nuevo con una insistencia y nervios poco habituales en ella y haciendo gestos señalándole el teléfono. Con curiosidad se acercó de nuevo al mostrador y escuchó como Violeta hablaba con quien parecía ser el Sr. Cardona.

-¿Violeta?

-Si, Soy yo. Dígame.

-Soy Ricardo Cardona. Tendrías que venir a buscarme a la comisaría que está ubicada en el número 357 de la calle 35th. He pasado aquí toda la noche y tú eres la única persona en esta ciudad que puede responder por mí. Que sabes quien soy y me podrás identificar. Luego te contaré…

-Señor, pero ahora estoy trabajando, no sé si podré.

-Te lo ruego, no puedo estar más tiempo aquí encerrado.

Colgó el teléfono, miró a Malcom y le dijo: “coge una chaqueta que nos vamos a buscar al Sr. Cardona. Por el camino te lo explico”

Se presentaron en la comisaria de la calle 35th después de un pequeño trayecto andando. Por el camino Violeta puso al corriente a Malcon de lo poco que sabía y ambos se miraban como diciendo: “¡qué coño estamos haciendo! No conocemos prácticamente a este señor y ahora tenemos que ir a rescatarlo”. A Malcon no le hacía ninguna gracia tener que entrar de nuevo en un lugar atestado de policías. No les tenía ninguna simpatía. Además si por un momento sospechaban que tenía antecedentes, no sólo no ayudaría a Ricardo, sino que iría en su contra.

Los recibió Lester Guzman, que los acompaño ante el comisario Romano. Éste, reclinado en su butaca del despacho, repasó de forma intimidatoria a los dos y los invitó a sentarse.

-Así que un negro enorme y una latina son los que van a sacar a este español de aquí. Era lo último que podía imaginar. ¿De qué lo conocen?

-Es un Huésped del Hotel donde trabajamos ambos -contestó Violeta muy calmada y con la cabeza bien alta. En cambio Malcom se mantenía cabizbajo como para evitar ser reconocido.

-¿Qué Hotel es ése?

-El Row, de la Octava Avenida. Yo soy la recepcionista y él el portero. Conocemos al Sr. Cardona y podemos acreditar que se trata de un turista español que ha venido a pasar unos días con intención de correr el maratón. Aquí tengo fotocopias de su pasaporte y su tarjeta de crédito que la teníamos como fianza.

-Y usted, mirando a Malcom, ¿no tiene nada que decir? ¿Nos conocemos de algo?

-No señor -Contestó Malcom-. El Sr. Ricardo Cardona parece una buena persona y había quedado esta mañana con él para hacer running.

-¿Saben en qué lío se ha metido? -No dejó contestar que prosiguió-.Se ha visto involucrado en la muerte del hijo de un importante narcotraficante mexicano. Todo indica que ha sido un accidente, pero dudo que esto deje satisfecho al padre. ¿Lo entienden? Háganselo entender a él. Parece idiota.

Se disponían a salir del despacho cuando les indicó una última advertencia:

-Tienen que ir al consulado a hacer la denuncia del robo y presentarse aquí a las 48 horas. Espero que siga vivo todavía.

La vuelta al hotel la hicimos en un taxi porque yo estaba reventado. No podía dar un paso más. No dejaba de dar la gracias , mientras ellos dos , en silenció, se miraban pensando en la gravedad del altercado que ese cliente desconocido hasta hace dos días les había metido. Malcon parecía ser el que más preocupado estaba. Violeta que se había sentado en la parte de atrás conmigo, me miraba con dulzura preocupada sobre todo por mi estado. Yo en cambio cada vez la miraba con más deseo. Siempre que la tenía cerca notaba un cosquilleo en mi parte más masculina a la vez que sentía unas irrefrenables ganas de besarla.

Con el traqueteo del coche y apoyada mi cabeza sobre el hombro de Violeta, me entró una modorra que me obligaba a cerrar los ojos y dormirme. Hacía esfuerzos por mantenerme despierto: no quería más sorpresas ni aventuras. Ella convino con Malcom que lo acompañaríamos hasta su casa y ella de vuelta me dejaría en el hotel. Violeta olía muy bien. Desprendía un aroma fresco y dulce que todavía me impulsaba más a ese estado de trance donde suspender mis sentidos y entrar en un profundo sueño. Sin apenas ser consciente me deslicé de tal manera que acabé posando mi cabeza sobre su regazo. Lo último que noté antes de caer rendido fue su mano atusándome el cabello.

En ese mismo instante en la comisaría de la calle 35th , el comisario Romano, le decía a Lester:

-El Sr. Cardona no nos está diciendo toda la verdad. Nos oculta algo. No creo que sea culpable de nada, pero debe estar metido en algo que ni él mismo sospecha lo peligroso que puede llegar a ser. No lo pierda de vista; háganle una vigilancia discreta. Más para protegerlo que otra cosa.

 

Charlotte Street

https://elesconditedelbuscador.wordpress.com

https://www.facebook.com/JoanCarlesDiaz