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Bajo el zaguán, un cuchillo ensangrentado. A dos metros, Revancha Vargas, el hombre mas cansino de todo el condado de Miramonte, yacía muerto sin posibilidad de regresar a la tierra de los vivos.

Unas horas atrás, nuestro protagonista tomaba cerveza plácidamente en la plaza del pueblo. Había puesto sus ojos en una mujer, “Lola Puñales”, la chica más sexy y temperamental que ha conocido la tierra.

Mujer de armas tomar. No había hombre que le durara dos asaltos.

Sin embargo, Revancha, tenia todos los ingredientes necesarios para hacerla feliz. Hacía meses que se venían fijando el uno en el otro, jugando con las miradas y con ese contoneillo de caderas que Lola tenía muy ensayado.

Aquella mañana, estuvieron hablando, seduciéndose mutuamente. Ella le contó, que ahora leía mucho. Se había propuesto convertirse en una chica de finos modales, necesitaba dejar atrás esa tosca brusquedad que la caracterizaba. Llegó incluso a explicarle que mataría por participar en desafiosliterarios.com el concurso de moda, que iba de boca en boca.

Él estaba fascinado con todo lo que ella le contaba, pero si hubo algo que impactó a nuestro Vargas, fue la confesión sin precedentes que Lola le hizo.

— Querido Vargas, he leído ¡la saga completa de Grey! -dijo ella con una sonrisa picarona.

—¡Ay, No! me mataste con eso, Lola, -le contestó el galán recalentado, tras la confesión.

—Mira Revancha, no soy mujer de andarme por las ramas, así que te diré justamente lo que quiero y como lo quiero. Hagamos realidad una por una las escenas del libro. Siento que estoy evolucionando como los pokemon, ya no soy la misma chiquilla que mataba gorriones con la escopeta de perdigones, ahora quiero saber que se siente manejando un cañón. Vargas, no sé si me entiendes y si tendrás lo que yo necesito.

Nuestro macho dio un paso al frente, había captado perfectamente lo que ella le pedía. No era tonto y le tenía las mismas ganas que los churros al chocolate, así que dijo:

—Sí, Lola hagámoslo, espérame en tu casa, ya tu vas a ver que un Grey no tiene nada que hacer frente a un Vargas.

Por el camino, Vargas  recordó la conversación, y no pudo evitar empezar a asustarse. Sintió mareos, escalofríos. Es que Lola, era mucha mujer. Hasta él habían llegado rumores muy inquietantes, al parecer se decía  que había acabado con la vida de alguno de sus amantes, enterrándolos después  en el jardín junto al granero y el corral.

El miedo comenzó a apoderarse de él, de camino a casa fue imaginando cosas terribles. ¿Y si no daba la talla? ¿Y si Lola se quedaba a medias y presa de la ira le asestaba un machetazo?. El miedo le hizo temblar desde los pies al flequillo.

Lola en cambio, se encontraba muy relajada y sintió hambre. Siempre le pasaba antes de sus citas amorosas. Así que, sin pensarlo dos veces, agarró el cuchillo de cocina y fue hasta el corral. Escogió un pollo para la cena y con arte y precisión le dio matarile. La sangre del animal caía a borbotones, se puso perdida toda la ropa. Cuchillo en mano se dispuso a entrar en casa, pero al pasar, tiró la pala del jardín que estaba apontocada en la pared, la recogió manchandola inevitablemente de sangre.

Al levantar la mirada comprobó con agrado que su adonis venia llegando.

La escena que Revancha Vargas presenció, nada tenía que ver con la realidad, para él aquella imagen quedaba muy lejos de ser agradable y placentera. Sintió un rayo helado atravesándole el corazón. Él no vio a una mujer enamorada preparando la cena, él se sintió testigo de que sus peores temores se estaban haciendo realidad.

Lola de pie ensangrentada, con pala y cuchillo en mano, le saludaba desde el zaguán. Iluminando la escena con una sonrisa tan amplia y ancha como sus caderas.

Nuestro achicado amante cayó fulminado al suelo.

Un ataque al corazón le dio el pasaporte hasta el otro lado. Y es que a Vargas no le quedó más remedio que morirse ante semejante mujer. Lola Puñales ¡Que mujer!

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Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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