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Pudiera parecer que cuando vives cerca del mar (de la mar) atardeceres y amaneceres son igual de impresionantes. En cierta medida es así, colores casi idénticos, horizonte brillante y luz que se expande por la superficie marina. Pero prometedores de verdad son los atardeceres porque al espectáculo de colores y matices se une el “después de…”. Los “después de…” del amanecer no se suelen disfrutar demasiado. Todo se ilumina, la vida despierta y hay que ponerse en marcha. Un amanecer es como una promesa de un disfrute mayor que se queda en promesa pero un atardecer de isla.. ¡ayy!, eso es otra cosa. La fiesta de naranjas, amarillos y rojos sólo es un anticipo de lo que viene después. Cuando el Sol cede su lugar a las estrellas, una puede seguir ahí, mirando el mar, respirando por los ojos toda la belleza que acaba de tener lugar, preparándose para el brillo de plata que invita a sumergirse.
No hay por qué salir corriendo a trabajar, a comprar, a estudiar… No es momento para eso. Sería casi un insulto hacer otra cosa que no fuera escuchar el silencio de la luz. A pesar de que eran los últimos atardeceres de marzo era conveniente no entristecerse porque los de abril no tenían nada que envidiarles excepto quizá, que el calendario le regaló uno más.

Mercedes E.M.

Mercedes E.M.

Amante desde niña de las palabras que encierran mundos y abren universos.
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Comentarios

  1. Ya lo dijo Serrat…
    “Y a mí enterradme sin duelo
    Entre la playa Y el cielo…

    En la ladera de un monte,
    Más alto que el horizonte.
    Quiero tener buena vista.”
    A mi me parece buen lugar para descansar en paz…

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