No bastó un océano

Ni con uno, ni con media docena de océanos. La distancia nunca es motivo para no vernos, cuando nos miramos con el corazón.

El equipo de Desafíos Literarios, es grande, mucho. Y además por diferentes motivos de calidad, cantidad y capacidad. Y si algo tenemos claro, es que no existen fronteras que puedan impedir nuestro avance. En estos días asistíamos con ilusión a la presentación de nuestro segundo libro de relatos ” El Año En Que Escribimos Peligrosamente”.

Fuimos muchos los que nos reencontramos en este gran evento. Un acontecimiento que nos conmovió a todos los asistentes. No era para menos, se trataba de la puesta de largo y en sociedad de nuestra segunda criatura conjunta. Acudimos al momento a la llamada de Enrique Brossa, y lo hicimos desde diferentes puntos del país. Pero, como os digo, Desafíos es cada vez más grande y eso hace que otros miembros de países más lejanos también participen en nuestros proyectos literarios.

Este es el caso de tres buenos amigos y compañeros nuestros, Lorena Guadalupe Páez Aguirre, Mario Pinto y Rubén Ahumada, que participan con nosotros desde Ciudad de México, lo cual es de agradecer y de admirar.

En Desafíos tenemos claro que no hay distancias insalvables cuando nos mueve la misma ilusión. Y nuestros compañeros de “ultramar”, como dice Mario, han tenido el detalle de enviarnos sus cariñosos saludos, para poder sentirnos más cerca, si cabe, en ese día tan especial de la presentación de nuestro segundo libro conjunto.

Queridos amigos, esperamos en un futuro próximo poder contar también con vuestra presencia, así tengamos que ir los de acá a buscarlos allá.

Gracias compañeros por vuestras muestras de cariño, el sentimiento es totalmente recíproco.

Aquí puedes oír el saludo de Lorena para todos los componentes de Desafíos Literarios:

 

Texto aportada para lectura en la presentación:

 

Mi locura 

Escribir, escribir, escribir. Por fortuna no necesito un monumental bote para basura. Con tantas historias disparatadas que se me han ocurrido, seguro los árboles me agradecen que use la computadora.

La ansiedad por jugar con las letras, los puntos y las comas se instaló en un lugar oscuro del cerebro. Un día llegó. Así, sin avisar, sin más. Fue el año en que comencé a escribir peligrosamente.

El desayuno se convertía en historia, las paredes me hablaban, la escoba salía volando y el cuchillo se clavaba en la espalda del cornudo esposo. El tecleo opacaba el ruido de la ropa en la lavadora y sólo el humo me hacía correr a apagar el fuego.

Mis enemigos comenzaron a hablar de mi locura: “A veces pasa días sin salir, no se baña y parece que planea matar a su exmarido”.

Mis amigos, en cambio, saben que se me quema la sopa, la ropa se me olvida por días en la lavadora, me baño puntualmente y compro comida preparada para no perder mi tiempo.

Tan peligroso es que mato, violo, huyo, vuelo, lloro, río, robo, canto, bailo, y vivo una loca vida en mis ficciones.

GRACIAS LORENA

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.
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