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I
Infectada por un virus
molesto, eres víctima.
A tus células se arrima,
cual frívolo ladrón versus
los receptores. El modus
operandi es descifrar
la llave celular y entrar
al protoplasma. Usurpa
la maquinaria, ocupa
sus recursos: gran malestar.

II
Como una fábrica, entra
y se adueña del inmueble
a toda instancia posible.
Tu célula ahora es imprenta
de muchos virus; enclaustra
la multitud, el enjambre
que se amontona. El quiebre
libera a los parásitos
que te sumen en tormentos.
Aquí aparece la fiebre.

III

Se transmite el interferón,
que es una hormona que llega
a otras células y entrega
la ya alarmante información
de que en ti existe una invasión.
Aquello es su receptor
que devela al infame autor.
Cuando llaman a la puerta
el interferón evita
que te invada el estafador.