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Eres encrucijada en mi camino,
donde el horizonte herido, te busca como éste al cielo.
Para tenerte y tenerlo, encauzando mi destino!

Eres templo, y eres olvido.
También desierto de arena .
Oasis de fresca agua, cuando el sol aprieta y quema!

Ilusiones en el aire,
marionetas que se burlan.
Eres luz, eres dulzura.
Huracán que te extrangula!

Marca de hierro fundido,
que en mi piel su huella deja.
Hielo que inunda en escarcha.
Prisa en mi tiempo de queja!

Eres el velo en mi cuerpo,
aunque desnuda me encuentras .
Mesura, suave melaza,
¡mi puerta siempre está abierta!

Carmen Escribano.