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Sintió la humillación tan dentro,
que sus lágrimas ahogaron el silencio.
La rabia era lava volcánica,
que le abrasaba.
La impotencia soldaba su orgullo ,
clavada en su pecho quedó anclada.
Quiso gritar y su voz negó la orden!!.
Quiso escapar volando hacia el horizonte.
Morir quiso, más su deseo fue omitido.
Pretensiones que en el aire quedaron sin compromiso.
Queda el amargo recuerdo,
que aparece día a día.
El poder de la venganza,
que destruye su alegría.
Los surcos de piel en vida,
van marcando la agonía.
Se extraviaron ilusiones,
proyectos que se cernían!!.
Ahora queda derrota.
Amargura consabida!!
Esperar cruel final,
porque el perdón no le cabe.
El sol oculta sus días,
La luna sus noches abre.

Carmen Escribano.