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Las calles quedan vacias en un aquelarre de intimidad buscada.
La gran ciudad se ilumina con diferentes tonalidades, buscando acordes satisfactorios entendiendo que la noche invade.
En las guaridas forjadas a lo alto, o a lo ancho, se establecen normas que muchos condenan y se saltan las órdenes sin pudor.
Algunos descansan fatigas, otros las provocan en desacuerdo con una sociedad clasificada.
Los limites deben respetarse. Cuando no sucede, hay rebelión entre los adictos a valores enseñados, y fielmente guardados, y los alejados en estridente desacuerdo.
La ciudad duerme envuelta en la nebulosa de la razón. Que se despierta por la inquietud que crea saber, que es esquiva y caduca.

Carmen Escribano.