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¡Es ingrato no saber bailar la melodía que la vida impone en cada momento!
No poder pintar el color real, por el daltonismo que equivoca la perfección en la cromaticidad .
¡Triste sentir cada día, la oscuridad por la cortina impasible del pesimismo adquirido!
¡Se acrecienta la angustia, como hábito no escogido que pesa como losa de mármol!
¡Y pasan días, meses, años perdidos que no regresan, y dejan amargura , desilusión, impotencia de saberse esclavo de uno mismo!
¡Mientras, desde la colina donde todo puede verse con claridad intensa, nada pueden ofrecer. Excepto ver con dolor, el tuyo propio!

Carmen Escribano.