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Desafió al deseo sin imaginar que este, le abrasaría por dentro.
Su piel humedecida se hizo inmensa pista, donde deslizarse cada uno de los dedos de aquella belleza de piernas interminables, en busca de un placer casi cósmico.
El vello que adornaba su esplendoroso cuerpo, se erizaba con la caricia de la lengua juguetona, de aquella pantera de ojos negros.
Los gemidos entremezclados, se ensordecían en segundos al fundirse sus bocas, buscándose desesperadamente.
La locura se desataba, como potro indomable incapaz de reconducirse.
Un explosivo juego de rítmicos movimientos, otorgaban sensaciones en sus sudorosos cuerpos, rozando casi el delirio.
Volver era imposible, era un laberinto sin salida.
El único escape, era descargar en modo de estruendo el ansiado orgasmo. En conjunción con una supremacía superior, en órbitas desconocidas. Y que dejaba el camino libre para empezar de nuevo.

Carmen Escribano.