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Me impacienta la espera. Ya deberías haber llegado. Esta habitación es peor que la de la última vez, pero tiene algo este antro, me hace sentir tuya, sucia y morbosa. Mientras te espero escribiré algo en mi agenda, quizás nadie lo lea, o quizás le alegre el día a la camarera de piso, cuando venga a poner orden en este campo de batalla, tuyo y mio.

Llevo tu camiseta, la que te robé de la maleta la última vez que te vi. Me abrazo a mi misma, intentando atraparte entre mi cuerpo y tu ropa. No estás, pero noto tu presencia.  He dado fin de todas las gominolas del mueble bar. ¡Ah! y de una de esas botellitas de Bourbon. Oigo las puertas de al lado, abrirse, cerrarse… murmullos, risas, trasiego de amantes, viernes noche.

Impaciente, no llegas. Percibo los gemidos de otras parejas,  atraviesan descaradamente la pared de mi cuarto. Podría llamar a alguna de esas puertas e invitarme a su fiesta… mientras llegas. Tengo  hambre de todo y de ti. Recibo tu mensaje: “ATASCADO, llegaré un poco más tarde”.

¡Vaya!, debería calentar esta espera, tomaré otra de esas botellitas de Daniel`s, pero antes respondo a tu mensaje: “He vendado mis ojos con el lazo de terciopelo negro que me regalaste. Voy a dejar la puerta entreabierta. Entra cuando llegues”. Enviar—> Sonrío y me encojo de hombros, me divierte.

Oigo gente en el pasillo, no dejan de pasar. Me da risa pensar que se cuele alguien y que me encuentre así, en la cama, con los ojos vendados, abandonada a mi suerte… La verdad es que me da cierto morbillo. Y si cuando llegue mi chico… No, no… antes comprobaría por debajo de la venda que eres tú… Nunca dejaría que otro…

Pero, ¿y si… alguien entrara y tomara mis pies entre sus manos?, ¿y si bajara su bragueta y me obligara a pasar la planta de mi pie por su sexo?… Eso podría ponerme cachonda, creo que ya no podría frenarlo… ¡Agh, prefiero no pensarlo! Te espero.

Pero, ¿y si llegaras y al ver la escena, en lugar de salir corriendo o montar un numerito, te quedases a mirar, escondido tras la puerta? Me pregunto ¿qué sentirías al ver como gozo de otro cuerpo que no es el tuyo? Imagino cierta rabia y sorpresa al principio, pero acto seguido te excitaría observar lo que pasa, mi forma de poseer a otro cuerpo. Te descubriría, puedo notar tu presencia en cualquier situación. No necesito desprenderme de la venda para saber que estás cerca. Te huelo a lo lejos. Como un depredador a su presa. No hay cuerpo, ni mente que yo desee poseer, que no sea el tuyo. Todo lo demás son personajes sin papel alguno en lo nuestro. Estás llegando, puedo olerte, cierro los ojos, me dispongo a esperarte… Pienso… ¡¡qué suerte la mía!!

¡¡Al fin llegas!!

—Cariño ¿por qué estás solita y a oscuras?… ¿No será que esperabas visita? ¡Ven aquí majadera mía! ¡Tengo hambre de todo!

—Joder, ¿cómo que por qué estoy a oscuras? Pues, creando ambiente cari, creando ambiente.. ¿Cómo que por qué estoy a oscuras? Llegas tarde y también tengo hambre, ¿lo sabes? – le digo encaramándome a su cuerpo.

—¿Sí? ¿Y qué tipo de hambre tienes tú eh?… a ver… tienes hambre… ¿por aquí… o por aquí? o…

—Álvaro, ¿te das cuenta que nosotros nunca nos hemos tapado con una sábana? ¿Te das cuenta lo bien que tú y yo nos orientamos en cualquier situación, incluso en la oscuridad? Me hago tantas preguntas cuando estoy contigo. ¿Te das cuenta que no tenemos miedo a la tormenta? que nosotros sabemos mirar directamente al Sol a los ojos, sin quemarnos. ¿Te das cuenta, que tu cuerpo es mi santuario?, ¿has pensado siquiera alguna vez, que para mí eres un templo donde meditar y orientar mis plegarias hacia las estrellas, casi por instinto. ¿Y te has parado a pensar, que algo así solo acontece en La Tierra cada ciento cincuenta millones de años, pero que sin embargo, sucede en mi cuerpo cada vez que sonríes. Que  mi mirada cambia cuando me besas, y te observo como un jaguar a su presa. Que somos insaciables, generosos e ilimitados en la posesión de nuestros cuerpos. Que somos criaturas hambrientas, realimentadas por nuestras fantasías que se complementan sin esfuerzo. Y que no tenemos que ponernos de acuerdo en nada, porque no hay pactos previos en nuestra cama…

Que nuestra cama es ancha, sin leyes. Sin borde definido. Y que la única opción que impera entre estas cuatro esquinas, es amarnos despacio, pero con mucha prisa… El hambre es así, no respeta espacios ni tiempo. Dos cavernícolas con una chuleta de brontosaurio entre las manos… ese es nuestro acuerdo, ese es nuestro retrato.

¿Te has dado cuenta que estamos encadenados en la profundidad de la misma caverna?, dos seres, un muro y una hoguera. Pero sin mitos, ni leyenda. La más real de las fantasías, no somos una ficción proyectada por la luz de la hoguera… No existen figuras borrosas, ni sombras falaces, ni zonas oscuras. Hay una luz blanca presente, hay verdad sin espejismos, sin que por ello deje de reinar la más dulce de las fantasías, por eso acabamos siempre en el suelo… imposible contener tanta pasión en un espacio tan limitado. Nuestra cama es ancha, sí… pero siempre acabamos por los suelos.

—Joder, cariño, cuando te pones profunda… Te pones… Me pones…

—¿Quieres saber cómo estoy de profunda?… Pues ponte, ponte Alvárito, que estoy hambrienta.

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Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.
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