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Aquella tarde María se reuniría conmigo, mi amiga era una joven encasillada en ese tipo de mujer romántica y sumisa, que tanta tinta hace correr en las novelas. Cansada de su papel se propuso un reto, aquella tarde la cita conmigo revelaría su verdadera identidad como mujer. Ese perfil que muchas escondemos por pudor y que por eso hay mucha gente que nos ve, extremadamente románticas o completamente atigradas, nunca en un término medio, en ese en el que todas estamos, pues no tengo duda de que, y personalmente lo sabemos, tenemos un poco de cada. María venía a merendar a mi casa, dijo que traería una tableta de chocolate, pero que antes de sacarla para degustarla junto a las galletas, me advirtió que me contaría una historia. La esperé impaciente, el afrodisíaco y sustituto del amor es algo que me fascina. Cuando le abrí la puerta me decepcioné, ya que no llevaba nada en las manos, pero entró en casa y comenzó a relatarme su historia como si no hubiese un mañana. Sus conquistas a espaldas del mundo habían sido varias, en todas ellas me describía al hombre que la había amado, como aquel que la excitaba con sus caricias, aquel macho que le presentaba su escultural cuerpo como un trofeo para que ella practicase en él su parte erótica y su desmedida lujuria. Pero aquel lado oculto de María, que no mostraba al resto del mundo y que nadie sabía que tenía, no aparecía. Entonces le pregunté si aquello era todo lo que me tenía que contar, me dijo que no, se levantó como si supiese lo que iba a ocurrir en aquel momento y entonces llamaron a la puerta, me pidió permiso para abrir, se lo concedí y fue rápida. De su mano entraba con ella un chico, de poca estatura para el metro ochenta que medía ella. Con una falta de pelo considerable, entradito en carnes, con unas lorzas que una buena dieta y ejercicio podrían hacer desaparecer, y evitar que saltase un ojo a María si uno de aquellos botones se desprendía de la camisa accidentalmente. Pero posiblemente no era aquel su primordial objetivo en la vida, no era ser un chico modelo, le bastaba con hacer feliz a la mujer que estuviese a su lado. Me quedé boquiabierta cuando comenzó a hablar, su melodiosa voz conquistó a María y ahora a mí, que como buenas románticas toda aquella palabrería nos embelesaba.
Me presentó al joven como Braulio, no se llamaba Adrián, Carlo, los nombres que antes me había citado, pero continuó entonces diciendo…
Es mi tableta de chocolate, Braulio es quien solo con pronunciar mi nombre hace que aparezca en mí la María romántica, me adula, me habla con cariño, él es quien me ha robado el corazón, quién me quiere y me trata con amor, pero luego… detuvo sus palabras, le miró y continuó diciendo… Luego en la cama es quien me convierte amándome fieramente, él provoca mi cuerpo para que mis garras de mujer felina le arañen, pidiéndole como una hembra en celo que me destroce por dentro y por fuera como solo él ha sabido hacer…
Fue entonces y solo entonces, cuando comprendí el significado de la frase…
“Las apariencias engañan”

Deli

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Adelina Gimeno Navarro

Soy una mujer aprendiz de la Literatura y con ella quiero que mis sueños sean una realidad, escribiendo siempre al amanecer, ese momento donde comienza un nuevo día de la vida.
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