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Pasas cerca de casa a diario y yo te busco a escondidas, fornido, de aire valiente y una capacidad intelectual que precede a tus maneras de hombre sabio. Todo el barrio conoce tus capacidades, además eres un buen deportista, la bicicleta y correr es tu deporte favorito, lo haces a diario, y yo te miro en tus idas y venidas al bosque. Lo haces a horas parecidas, soy una ladrona de vida, la tuya.
También te tengo envidia, eres alguien que, sabiendo lo que sabes, no eres orgulloso. Das clase en verano a los chicos de club del barrio y todos aprueban en septiembre, y luego durante el año les ayudas en los deberes. El Aristóteles, te llaman cariñosamente.
Pero mis pensamientos son otros, son íntimos. En la oscuridad, como la vieja del visillo, te observo y fantaseo qué me dices, los misterios del mundo mientras me haces el amor.
Eso es tan poderoso en mí que a veces me sacio esperando verte pasar.
Yo sé que te has fijado en mí, lo noto cuando paso por tu lado.
Un día me voy a atrever a decirte que me montes, a pesar de que yo soy profana y lujuriosa y tú un dotado de una inteligencia extrema.
Pienso que caerás en mí, sea como sea.
Lo haré.
Y llega la tarde en que me decido, salgo a caminar por tu camino, te esperaré.
Corro un poco, segura de que me alcanzas, voy temerosa por si no te fijas en mí o porque te fijes en mis ganas.
Al fin me alcanzas, me saludas, me sonrojo, pero intento disimular. Hablas de lo mundano de los placeres divinos de los dioses.
De un tal Aristóteles, me cautivo con tu voz al oírte todas esa curiosidades de la historia, lo haces fácil, entretenido.
Entonces me dices: “Muevo el miembro a mi antojo”
Y entre la risa que me da y el ver que te la sacas del pantalón y la mueves todo empalmado, sonrosada, gorda, inclinada hacia arriba; no paras de moverla sin manos, de arriba abajo, de lado a lado, círculos, me encuentro ante un superdotado en todos los sentidos.
Y pienso que dentro de mí, si lo hiciera, bastarían dos vueltas de su verga para terminar conmigo.
Y sigue explicándome los enredos de la carne ante la sabiduría, me pregunta mientras me da la vuelta, me agacha la cabeza, me baja las mallas, las bragas, me apoya contra un árbol, me desarma y me mojo ante su ligereza y desparpajo. Eso quería, algo rápido instantáneo.
-¿Qué preferirías? ¿Entregarte a la sabiduría o a la lujuria ?
Yo no sé qué contestar, ni siquiera si entiendo la pregunta. Estoy tan excitada de ver lo que espero tener dentro, me roza la puntita por toda la vulva, miro a mi pubis y veo aparecer su glande abriéndome los labios, resbalándose… un deseo infernal me acomete, quiero que siga hablándome, enseñándome y tocándome con su lanza.
Continua diciéndome:
“El sexo es tan, si no más, importante que cualquier sapiencia. En mi caso es que soy un junky de la libertad, pero si fuera a entregarla (y lo más probable es que antes o después la entregue), sería a la lujuria y no a la sabiduría”.
Y se introduce en mí de un certero empellón, un suspiro se oye en el bosque. Son mis ganas, por fin cumplidas.
Se acerca a tocar mis pechos, pellizcar los pezones mientra comienza una danza dentro de mí. Él no se mueve, solo su sexo dentro baila, un apocalipsis se esparce en mi interior y grito.
¡ Unmmmmmmmmmmm !
Es extraordinariamente extraño, me folla sin sentir sus empujes, pero lo tengo dentro danzándome en mi centro.
Sigue hablándome, de concupiscencia, deseos, placeres, limbos, cortesanas, de un tal Alejandro…, todo es un cuento del que yo soy protagonista, dice.
Me llega el final y el suyo, me dice que nos acompañemos en placeres y lo hacemos a la vez. Él ya no habla, grita y espanta a todo el bosque.
En el aire dejamos una fragancia “polímata” y lujuria.
Un último y único empujón me lleva a dar la vuelta a todo.
Una convulsión de tal gusto me eleva, me retuerzo, me estiro sin despegarme de su vientre, apegada a ese prodigio de sabiduría y sexo. En los latigazos de mi cuerpo me desvanezco y caigo al suelo, aprovecho para reposar los temblores, mientras él me mira con sumisión ante mi gozo y el suyo.
*
*
No me puedo levantar, me he torcido un tobillo. Me coge con mimo, me besa, me monta en su espalda y me lleva a casa.
A lo lejos vemos a los caminantes murmurar sobre la cortesana y el filósofo.

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