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Entre las sombras a contraluz
que recorren nuestro cuarto
te observo
sostener entre tus manos
el grafito con que trazas
la silueta sedienta
de mi cuerpo aún desnudo.
Una gota de sudor se desprende
de tu espalda
mientras dibujas mi alma
después de haber sucumbido
al cálido aliento de tus susurros,
de tu respiración agitada
despertando mis sentidos.
Ven,
suelta el lápiz y el papel,
ven a recorrer mi cuerpo,
respírame en tu silencio,
y dibújame con tenues trazos
de caricias sobre mi piel.