Clica para calificar esta entrada!
[Total: 0 Promedio: 0]

Me llamo Eleuterio Pérez Matute y nací en los primeros días de la primavera de 1898 en la casa familiar, si a ese pequeño cuarto de una corrala se puede llamar vivienda, del arrabal de Tetuán de las Victorias de Madrid, para ser el quinto hijo, primer varón al que sucedieron cuatro más en los seis años siguientes, de una familia muy humilde que había venido aquí desde los carrascales de Extremadura, huyendo de la miseria y del régimen casi feudal que los caciques y terratenientes aplicaban a los jornaleros del campo, como eran mi padre y mi madre, para abrazarse al no mucho más lucrativo que pude alcanzar un trapero.

Ha vuelto a amanecer otro día de calor infame e insoportable en nuestro campamento de Dar Drius. Por la tarde, un implacable sol nos cuece los sesos con sus insufribles rayos que ponen el ambiente a más de cuarenta grados a la sombra, aunque pocas sombras hay en estos terrenos desérticos e inhóspitos a los que llegué reclutado como trompeta en el Regimiento de Caballería Cazadores de Alcántara 14 en el fuerte Cabrerizas de Melilla.

Es 23 de julio de 1921 y hace dos días, los 691 hombres que componemos el regimiento, participamos sin éxito en el intento de auxilio a la posición de Igueriben, en el desastre total en que se ha convertido la retirada de nuestras tropas al mando del general Silvestre de Annual, y a las que debemos proteger cargando a caballo contra el ejército enemigo de las tribus rifeñas, para cubrir el repliegue de nuestros compatriotas que son masacrados a tiros con impunidad desde las alturas de los cerros.

Llevamos combatiendo y cargando a galope sobre el enemigo desde las primeras horas de la mañana para proteger los flancos y la retaguardia de la columna en retirada de más de cinco mil soldados que ayer abandonó Annual y ya debemos haber sufrido la pérdida de más de setenta compañeros.

Ahora mismo, por la tarde, el convoy ha sido atacado de nuevo por las fuerzas rifeñas al intentar vadear el río Igan, y nuestro teniente coronel, pistola en mano, nos ha arengado llamándonos a la hora del sacrificio y demostrar que no somos unos cobardes para que nuestro ejército pueda cruzar el cauce del río y acabar con los rebeldes que con tanta sangre y dolor nos están hostigando sin descanso.

Desde que hemos recibido la orden, es la cuarta carga que realizamos contra este enemigo atrincherado que parece que se multiplica. Los caballos están extenuados por el cansancio y hemos tenido que poner pie en tierra para seguir combatiendo. Nos hemos lanzado a luchar cuerpo a cuerpo, siendo imposible, por falta de espacio, utilizar  nuestras carabinas Máuser y lo estamos haciendo con nuestros sables.

A mi alrededor veo caer camaradas y amigos, lo que me da más fuerza para continuar con lágrimas de rabia en los ojos. Siento la sombra de una figura y el roce de una chilaba en mi espalda. Algo frío se posa en mi cuello. De repente, el  cegador sol ha desaparecido y todo se ha vuelto negro. Tan negro como el cabello y los ojos de Teresa a la que ya nunca podré volver a ver.

De los 691 hombres adscritos, entre jefes, oficiales, suboficiales, cabos, soldados, trompetas y veterinarios, al Regimiento de Caballería Cazadores de Alcántara 14, acuartelados en la región de Nador en los alrededores de la ciudad de Melilla, durante la retirada del destacamento español y que ha pasado a la Historia como el Desastre de Annual, al que tuvieron que proteger del 20 al 23 de julio de 1921, se produjeron en el combate contra el ejército al mando de Abd el Krim la muerte de 523, fueron heridos 67 y 25 fueron hechos prisioneros.

Loa y honor a estos valientes que dieron su sangre por España bajo el mando de un generalato corrupto que quince años después cruzaron de África a la península para volver a inundarla de sangre, dolor, miseria y muerte.

 

© Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

Agosto de 2018