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La ciudad se derrumba, la habitación dónde las noches se hacían días, noches de cuentos y caricias, noches de insomnio y recuerdos marchitos. De sábanas húmedas de esperma esparcido.  Sábanas nuevas y viejas, calientes o frías. Noches de braseros, de besos escondidos.Días de ventana mientras la lluvia arrecia, de mesa camilla y ausencias. Días de encuentros y despedidas. Risas… lágrimas… tristeza o alegría.La cocina caliente; del puchero emana el olor a guiso de domingo.

Te veo mirándote, mirándote en el espejo para recolocar el cabello. Cabello que acaricio con manos torpes, mientras tú me sonríes. Tu rostro adquiere el color de las manzanas al susurrarte palabras prohibidas. Tu cuerpo tiembla bajo el mío, y nuestra casa encierra entre sus paredes las pasiones desatadas. El sillón esconde los recuerdos que se fueron.

Y sigo pensándote con tu delantal blanco, y las manos frías. Esa arruga debajo de los ojos, esos ojos que fueron míos…. de color canela, de color misterio, de color indefinido.

Indefinido porque comienza a desdibujarse en la memoria que traiciona. Busco tus labios para unirlos con los míos… no están, tú no estás, te has ido.

Desaparece la niebla que tu recuerdo me trajo, desaparece y mi alma de nuevo sangra.Descubro otro día de escombros, de piedras esparcidas. Piedras que gritan y guardan palabras idas. Piedras que fueron nuestro escondrijo.

El sol, ¡maldito sol! Deja al descubierto los retazos de otras vidas, de otras camas y cocinas.Tarde de escombros y lágrimas de papel. Tarde de miedos y lutos de colores negros, hogares caídos y piedras que hablan.Ruido de aviones, carreras hacia los refugios, nadie está, todos preguntan.

Vuelve el silencio, los aviones se han ido, las luces se encienden, la realidad regresa.La angustia de la madre con sus hijos en el regazo, del joven sin futuro, de la niña perdida, del abuelo con la mirada en el vacío.Todo se ha derrumbado, la vida misma se extingue, los sueños se apagaron, las ilusiones murieron, aquel día, ¡aquel maldito día…!

Comenzó una guerra, extendió el campo de batalla dónde los inocentes convivían, vidas arrastradas, fantasmas que aparecen al no saber que se han ido, jóvenes de grandes ojos deambulan arrastrando los pies sin sombra ni huellas. Llantos de niños perdidos, espinas en todos los corazones heridos.

Esas piedras de la calle, esos escombros por bombas esparcidos, hablarán de barbarie, gritarán la sinrazón…. aunque nadie escuche…. porque los oídos se cerraron a los lamentos.Vagan por los días de lutos hechos, esperando las sirenas. Las noches en vela todos en subterráneos túneles, que no siempre soportan explosiones. ¿Terminar?, Deseos de dormir para siempre en algún lugar de paz completa.

Las fuerzas no llegan, agotadas en estériles lamentos. La vida termina cuando la ilusión se apaga, y el corazón muere de pena, sigue latiendo, pero muerto el espíritu el cuerpo es instinto. Antes de caer la noche, en la gris tarde de cielo plomizo, un atisbo de esperanza, de vida, dos muchachos cantan  riendo. Para que la vida siga, y la esperanza renazca. Dos muchachos que se han quedado, porque aún son niños con piel de adultos.

De sudarios se visten los cuerpos que no se han ido. El llanto se olvida, porque los ojos se secan, el polvo se instala en la piel marchita, el dolor jamás termina, las cicatrices perduraran mientras la vida siga.No hay tierra para tanto muerto. Tierra de tumbas a paladas llenas.

Algún día todo terminará, algún año la ciudad será reconstruida y los escombros solo quedarán en las memorias, en las pesadillas, de aquellos que al caminar sientan bajo sus pies el clamor de aquellos a los que les arrebataron la vida.La niebla regresa, y crea falsa atmósfera de irrealidad cotidiana, de milagros esperados, de reencuentros en el vacío.

Yo saldré a ella, y buscaré entre las sombras que la habitan, para encontrarme con ellos, para perderme sin regresar. Dejo el lápiz, este papel manuscrito, regresan las sirenas, regresan las bombas para llenar de luto a los que de luto ya viven.

Quizás algún día alguien lo encuentre, quizás ya no esté mañana, quizás me habré ido. Cómo suspirar ya no puedo, ni lanzar versos al aire enardecido, de olor a cadáver lleno, dejo este papel que mi mano temblorosa alcanza a llenar de palabras sin sentido.Cómo deseos no tengo, ni esperanzas ni castigos, y el cobijo de un abrazo me falta, no me esconderé en esta noche oscura.Dejaré ese sótano de oraciones no escuchadas, de niños malnutridos y mujeres desesperadas, no miraré más lo ojos de ese muchacho que siente el miedo congelar sus huesos. Ya no queda el chocolate que alguien repartía, ni el pan que otro compartió. Porque nada quiero, solo descansar y paz. Vivir no puedo con  sueños convertidos en pesadillas.

Me iré en el silencio de la noche eterna de la noche fría, de otra noche maldita.

Autora, Marisa Martín

Mª Ángeles Cantalapiedra
¿Qué voy a decir de mí?No soy seria, me gusta la vida, reírme, viajar... Soy de Valladolid, pero no vivo allí, que no sé decir ya si no es escribiendo. He ganado algún premio y me he sentido la reina del mambo pero cuando han dado las doce campanadas pues vuelvo a la realidad. Tengo dos novelas publicadas SEVILLA...GYMNOPÉDIES, que ha recibido el premio en la feria del libro de Madrid 2016 como MEJOR AUTORA NOVEL. En 2017 publiqué MUJERES DESCOSIDAS y en 2018 AL OTRO LADO DEL TIEMPO, premio Sial Pigmalión de narrativa... Y nada más, que si alguien me necesita pues estoy por ahí zascandileando. http://angelesysuscuentos.blogspot.com/ http://mellamolola.blogspot.com/ http://contartecosas.blogspot.com.es/
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