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-Aquí, a este hermoso paraje de la fuente hemos venido en paz, como se había convenido, yo, don Garci Laso de la Vega, comisionado por mis Reyes sus Católicas Majestades de una parte, y vos, señor Alabez como alcaide que sois de Mojacar, por la otra.

Mis reyes esperan a cuatro leguas de aquí, en la ciudad de Vera, a que expliquéis el motivo por el que no habéis rendido el sitio según sus órdenes, como han hecho todos los alcaides de la comarca.

Sabéis vos que intentar oponeros por la fuerza es inútil, ya que me tendréis enfrente y desde que salí de mi Écija natal he demostrado mi valor convirtiendo todas las batallas en las que he participado en victorias. Nada de ayuda podéis esperar pues, habiéndose rendido todas las villas vecinas, y las hermosas murallas que rodean vuestro pueblo no han de ser obstáculo para mis curtidas tropas.

-Señor capitán Garci: conozco de vuestra fuerza y sé sobradamente de cuantas tropas disponéis y de su preparación. Pero habéis de saber que no está en mi ánimo hacer batalla contra vos. Mis gentes aquí viven seguras y no seré yo quien ponga sus vidas en peligro.

Me preguntáis mis motivos para no rendir la plaza como exigís, tal que si ésta fuera vuestra. Caed en la cuenta capitán, que aun siendo musulmán, soy tan español como vos, junto con todo mi pueblo, y no puede ser de otra manera cuando vivimos en estas tierras hace setecientos años. Ahora vienen vuestras tropas a pedirnos que abandonemos estas casas que construyeron nuestros abuelos, y dejemos baldíos los campos que cultivaron nuestros antepasados.

Yo no he hecho armas contra los cristianos, así que, antes de entregarnos, solo pido que por justicia se nos trate como compatriotas y hermanos, y no como enemigos, y se nos permita cultivar nuestros campos como un pueblo más del reino.

Como buen soldado que eres, amenazas con atacar si me niego a tus requerimientos. Haces bien, ya que es tu deber, pero yo te digo, que de no atenderse los nuestros, a las claras tan justos, yo, como buen español que soy, prefiero antes de rendirme morir defendiendo mi pueblo. Esas son mis razones. Ve y transmíteselas a tus reyes si tal es tu obligación.

-Señor Alabez, digno alcaide de Mojacar, no puedo hacer otra cosa que honrar vuestras palabras, tan llenas de juicio, y vuestro valor. No puedo dudar por vuestra actitud, que sois español. De aquí a dos días entregareis las llaves de la ciudad, como así se me ha ordenado, pero tomo vuestra palabra como una prueba de lealtad a vuestros nuevos reyes. Vuestra villa será honrada con el título de ciudad, y nosotros mantendremos la promesa que ahora os hago de que seréis respetados como españoles.

Permitidme que antes de marchar a notificar estos hechos, os abrace como un hermano.

 

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Antonio Miralles Ortega

Trabajador manual desde siempre en multitud de oficios, eterno estudiante de historia del arte. Escritor novel, a mi edad.
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