1.00 Promedio (54% Puntuación) - 1 voto

Aquel verano prometía ser espectacular para Elisa.
Con unas notas bastante aceptables, había conseguido que sus padres dieran el consentimiento  para marcharse con su pandilla a una casa rural.
Rodrigo, uno de los  chicos que la integraban, la vio a través de una agencia en internet y se lo comentó al resto.
A todos les pareció una idea estupenda.
¡Era increíblemente tenebrosa! Justo lo que a él le gustaba, pues era un fans perdidamente enamorado de todo lo exotérico.
La mansión de los espejos, llamada así por la gran cantidad que se hallaban en su interior, era una casona del siglo diecinueve, residencia habitual de unos señores vascos, que pasaban los veranos en Asturias, una tierra a la que adoraban. Construida entre montaña y bosque, el paisaje era idílico.
Aquella tarde se habían reunido los seis en casa de Marta, para ultimar el viaje.
Se decidió llevar ropa cómoda y mochilas amplias para transportar víveres, algún pc portátil para pasar el rato y libros…total, la estancia sería de cuatro días.
Aquella mañana del mes de agosto, Elisa estaba radiante.
Se despidió de sus padres y de su hermana pequeña y se montó en el bus junto a sus amigos.
El viaje duraba como cuatro horas y para entretenerse, cogió un libro de una saga que estaba leyendo.
Después de llegar a la estación, tuvieron que andar como un kilómetro, para llegar al lugar.
Cuando las chicas vieron la mansión, se quedaron boquiabiertas.
Marta, quería volver y los chicos se empezaron a reír.
—Ya basta— dijo Elisa.
—La verdad es que da un poco de miedo. Pero bueno, hemos venido a divertirnos y eso es lo que haremos.
—Rodrigo, saca las llaves por favor—ordenó Elisa.
Este, metió la mano en un bolsillo de su mochila y sacó una enorme llave.
Todos se empezaron a reír, al ver semejante tamaño.
Accedieron a la mansión abriendo el portón de madera vieja.
El chirrido de la puerta, hizo que se les erizarán el vello a todos.
Elvira, otra de las chicas creyó que su corazón se paraba del susto.
Por dentro, era de una belleza que producía escalofríos.
Se podía entender los lujos con los que vivieron en aquella época los dueños.
Si algo llamó la atención de los chicos, era la cantidad de espejos que había por todos los rincones, incluidas las escaleras que accedían a la segunda planta.
—Guau— dijo David ¡esto es otra historia!
—¿ Por qué no subimos a escoger habitación?— preguntó Marta.
— Ok— contestó David.
Todos subieron rápidamente.
Había ocho enormes habitaciones.
Todas ellas disponían de chimenea, con un cesto de leña al lado.
— ¿Para que habrán dejado leña ?—preguntó Lucas. ¡Si estamos en verano!
Rodrigo explicó que ponía en la agencia que allí las noches eran bastante frías, puesto que la casona estaba rodeada de montañas.
Después de dejar cada uno el equipaje en la habitación escogida, bajaron a cenar.
Prepararon una selección de embutidos, de los que dieron buena cuenta. Pues las emociones les habían abierto el apetito.
— ¿Qué os parece si nos acostamos, para madrugar mañana y salir de caminata? —preguntó Elisa.
Todos aceptaron y fueron acomodándose.
Lucas, sintió sed en mitad de la noche y bajo las escaleras para beber agua.
Al día siguiente todos se despertaron temprano, y bajaron a desayunar. Todos, excepto Lucas.
— Se le habrán pegado las sábanas. Es dormilón por naturaleza— apostilló Rodrigo.
Justo se disponían a subir a buscarlo, cuando Marta dijo: mirad chicos, al lado de aquel espejo, en el suelo.

—¡Es el pijama de Lucas!— dijo David.
Todos se acercaron hasta allí para comprobarlo, mientras gritaban su nombre.
__ ¡Efectivamente, es su pijama!— dijo Rodrigo.
Corriendo escaleras arriba pudieron ver, que su amigo no estaba en su habitación; salieron de la casa y empezaron a buscar por los alrededores. No lo encontraron y fue Elisa la que propuso marcharse de allí, para avisar a la policía más cercana.
Volvieron a entrar para recoger todo, incluido la mochila de Lucas y marcharse. El pánico se había adueñado de ellos.
Subieron todos juntos y cada cual recogió rápidamente sus cosas.
Estando ya abajo, se dieron cuenta de que Elvira no estaba.
Gritaron su nombre, pero nadie contestó.
—¡Oh dios mío!— dijo Marta, apuntando de nuevo al espejo.
— Es la mochila de Elvira—volvió a decir Marta.
Se acercaron despacio, aterrados por lo que estaba sucediendo.
Rodrigo, el más sagaz del grupo, empezó a tocar el maldito espejo.
Era grande, con un marco de pan de oro bellísimo, que llegaba hasta el suelo.
—Venga, vámonos de aquí— habló David. ¡Estamos corriendo un gran peligro!
Justo en ese momento, todos pudieron ver como una gran nube blanca absorbía el cuerpo de Rodrigo y su mochila caía al lado.
El miedo paralizó a los presentes.
Todos presenciaron como su amigo en un instante había atravesado el espejo. Fue David, el que gritó: ¡No os acerquéis, vamos, fuera todos!
__ No podemos irnos de aquí y abandonarlos. ¡Son nuestros amigos!— dijo Elisa, aún paralizada por lo acontecido.
—Llamaremos a la policía ¡vamos salir!— dijo David.
—¿Crees que alguien nos va a creer?— contestó Elisa. Es una historia… ¡nos tomarán por locos!!
—Tomaros de las manos y coged las mías. Los tres unidos sin soltarnos, podremos acercarnos al espejo. ¡Con los tres no podrá!—  propuso Elisa
— Estás loca—dijo Marta.
—Haced lo que digo y confiad en mí.

David y Marta obedecieron. Al fin, ¿qué otra cosa podían hacer?
A un metro de distancia, frente al espejo maldito, los tres jóvenes se colocaron agarrados de las manos. Lo que vieron sus ojos, les dejo sin reacción alguna.
Sus tres amigos, junto a muchos otros jóvenes, estaban frente a ellos, cada uno con su cabeza en la mano. Era como una gran pantalla, donde podían ver lo que parecía una película de terror.
Las cabezas tenían vida propia. Hablaban y reían. Los ojos estaban abiertos pero ensangrentados.
—Entrad, les dijo Lucas. Estamos impacientes de teneros con nosotros. Ja,ja,ja, ja,ja,ja.
—¡Dios mío!— dijo Elisa.
—Elisa, Elisa, despierta o perderás el bus para ir a la casa rural. Era su madre quien la llamaba.
Elisa, estaba blanca y el corazón le iba a cien por hora.
— Que ocurre hija?
Elisa no contestó. Tan solo se tapó la cabeza con las sábanas y empezó a temblar.

 

Carmen Escribano.

 

Avatar

Carmen Escribano Peribañez

Soy Carmen Escribano Peribañez. Nací un 1 de Noviembre de 1959. Soy un alma inquieta ....trabaje en mi día. Me interesa la medicina, y leo mucho sobre ella. Avances, enfermedades, formas de prevención, y sobre todo, lo que acontece en enfermedades psiquiátricas....es un enigma que me atrapa Ahora cuido de los míos. Escribo siguiendo el impulso, que en ese momento ronda mi cabeza. Depende mucho de la sensibilidad que ese día llamé a mi corazón. Me gusta la poesía, y el relato corto. Muchas veces he pensado en escribir novela .." me encanta"....pero necesito tiempo, y no poseo mucho . Llevo años escribiendo, pero jamás he editado nada. Simplemente me gusta escribir, y si puede ser....que llegue a transmitir algo a los demás!!
Avatar

Últimos post porCarmen Escribano Peribañez (Ver todos)

1.00 Promedio (54% Puntuación) - 1 voto
A %d blogueros les gusta esto: