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Cuando Fernando, vio el cuerpo de su hermana Juana, no pudo evitar que los recuerdos volviesen a su mente…
Su hermana siempre fue su confidente de todas sus diabluras.
¡Cuantas no le había tapado!
Todo fue normal, hasta que aquel miércoles de ceniza, cuando apareció junto al el cuerpo de María, amiga de la pandilla e hija de Braulio, el jardinero que trabajaba en su casa, nadie defendió su inocencia.
Fernando tenía por aquel entonces dieciséis años.
Nadie creyó al chico, de que el no la había matado y mucho menos violado.
Ni siquiera doña Leonor, su madre. Viuda desde que Fernando contaba con ocho años de edad.
Las influencias de la familia Nogueira fueron cruciales para mandar a su hijo, a un internado al sur del país.
Y todo porque el halló el cadáver junto a un frondoso castaño. Le encontraron abrazando a su amiga y llorando.
¡Nadie dio crédito a su versión! Y su madre fue la primera en repudiarle.
Ni una carta, ni una visita. Desde entonces, su único vínculo con su familia fue el dinero, que mensualmente recibió hasta su mayoría de edad.
Tuvo que buscarse la vida. Era inteligente y pronto destacó montando su propia empresa, de importación de vehículos de lujo.
Nunca comprendió porqué su madre y hermana se habían comportado de aquella manera, tan deshumanizada.
La voz de don Ezequiel, lo devolvió a la realidad. Arrodillado junto al cadáver de su hermana.
Unas lágrimas resbalaron por su rostro.
— Levántate hijo, dijo el cura. Hay que llamar a la guardia civil. Fue el mismo Fernando quien lo hizo desde su teléfono móvil.
Fernando se percató que en la mano derecha de su hermana había algo.
El cadáver aun estaba caliente y no le costó mucho abrírsela.
Era un pequeño papel donde podía leerse:
¡FUERA TODOS DE ESTA CASA O CORREREIS LA MISMA SUERTE!
¡Todos menos tu hijo!
Todos los que allí se encontraban estaban angustiados y el miedo hacia presa en sus cuerpos.
¡Quién habría escrito aquello! ¡Parecía una pesadilla, de la que no podían despertar!
La tormenta estaba cesando y la lluvia parecía amainar.
Estaban todos concentrados en círculo, alrededor del cuerpo de Juana.
—Por favor dijo Fernando, que nadie se marche ¡Tenemos que esperar a que llegue la autoridad!
De repente, Fernando volvió a ver la silueta escondida, entre un castaño frente a donde se encontraban. A dos de los hombres que se hallaban junto a él, les hizo una seña para que le siguieran.
Medio agachados entre los árboles, llegaron al punto.
Fue cuando el cañón recortado de la escopeta, asomó entre sus cabezas.
— No os mováis, oyeron decir — Volveos despacio y con cuidado.
Así lo hicieron. Y pudieron ver un señor aparentemente mayor, con pelo largo y una barba de años, vestido andrajosamente con harapos.
— ¿Quién es usted?— preguntó Fernando.
—¿ De verdad no me reconoces?
— ¿Braulio?— preguntó Fernando
—Así es, mi querido hijo—contestó.
— ¡Pero las últimas noticias que tuve del pueblo, es que habías fallecido! dijo Fernando con voz de asombro.

Los demás, no daban crédito a la escena .Todos le creían muerto. Si bien era verdad, que nadie asistió al funeral, por mandato de doña Leonor…recordaron.
—¡ Es usted un miserable! apostilló Fernando. ¡Calla hijo, tú no sabes nada!
— ¡No me llame hijo, usted no es mi padre!
—Te lo llamo porque lo eres!— contestó Braulio.
— ¡Esta usted loco!
—Yo no miento Fernando ¡eres mi hijo biológico!
—Tu hermana lo sabía, pero guardo el secreto de tu madre. Ja,ja,ja,ja—rió Braulio.
¡Todos quedaron estupefactos!
“Definitivamente aquel hombre ¡había perdido el juicio!”, pensó Fernando.
— En vida de tu padre, tu madre se encapricho de mi, ja,ja,ja. ¡Y el tonto de él, creyó que tú eras su hijo!.
— ¿Pero dónde ha estado todo este tiempo?
Escondido en una cueva en el monte. ¡Yo sé sobrevivir!
—¡Ha matado a personas inocentes!
—El panadero metió las narices, donde no debía. Y tu hermana era culpable, de culparte de la muerte de mi hija…..tu otra hermana.
¡Una víbora era tu hermana Juana! ¡Eso es lo que era!
A lo lejos se oían, cada vez más cerca, las sirenas de la guardia civil.
De repente Braulio se desmoronó y cayó al suelo como un guiñapo. Todos escucharon el disparo proveniente de la casa.
Pudieron comprobar el tiro que atravesó el corazón del anciano.
Corriendo hacia la casa, y empujando la puerta, entraron los tres hombres junto a Fernando.
Miraron por todos los rincones…allí no había nadie. Solo en la tenebrosa habitación, seguía el cadáver de su madre…

Carmen Escribano.

 

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Carmen Escribano Peribañez

Soy Carmen Escribano Peribañez. Nací un 1 de Noviembre de 1959. Soy un alma inquieta ....trabaje en mi día. Me interesa la medicina, y leo mucho sobre ella. Avances, enfermedades, formas de prevención, y sobre todo, lo que acontece en enfermedades psiquiátricas....es un enigma que me atrapa Ahora cuido de los míos. Escribo siguiendo el impulso, que en ese momento ronda mi cabeza. Depende mucho de la sensibilidad que ese día llamé a mi corazón. Me gusta la poesía, y el relato corto. Muchas veces he pensado en escribir novela .." me encanta"....pero necesito tiempo, y no poseo mucho . Llevo años escribiendo, pero jamás he editado nada. Simplemente me gusta escribir, y si puede ser....que llegue a transmitir algo a los demás!!
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