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Jugabas a las escondidas en el parque con tus amigos. Eras la más pequeña del grupo y no te dejaban contar.
Buscabas un buen lugar pero te detuviste frente al cuerpo sin vida de un hombre. Estaba bañado en sangre sobre un montón de hojas secas. Por unos segundos tu cuerpo no te respondió. No escuchabas al niño contando hasta cien. No oías nada. Un hilo viscoso, cálido y amarillo mojó tus piernas. Chillaste histérica.
El sonido de un motor acercándose te asustó. Miraste a tu alrededor pero tus amigos estaban ocultos. En un intento desesperado por evitar al hombre que sacaba del baúl del auto un bidón, te camuflaste entre las hojas.
Poco tiempo después, el señor que habías visto echaba nafta para encender la pira.