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Entraron en el despacho y antes de decir nada Yolanda tendió la carta al inspector, esperaba que estuviese al tanto del caso de su hermano, pero si no lo estaba le pensaba relatar todo con pelos y señales. El policía al ver la carta se puso unos guantes para no afectar a las posibles huellas.

—¿Cuándo has recibido esta carta?

—Estaba en el buzón esta mañana. Lo siento, no la vi entonces, pero esta tarde al volver del trabajo se cayó de entre el montón de propaganda que había en el buzón. No suelo recibir muchas cartas, la verdad, quizá por eso no la vi.

—Es una frase de “El sexto sentido” —aventuró Álvaro.

—Me he dado cuenta, es una película muy popular, ¿tienes idea de quién ha podido dejarla en el buzón? —preguntó a Yoli.

—No tengo ni idea, pero supongo que debe estar relacionado con la desaparición de mi hermano, a lo mejor quieren pedir un rescate.

—Si hubiesen querido pedir rescate ya lo habrían hecho, lo que no entiendo es que después de tanto tiempo salgan con esto. Si no teníamos ninguna pista, ahora nos las ponen en bandeja. Esto no tiene ningún sentido, la enviaremos al laboratorio y veremos si hay huellas. Las cotejaremos con la base de datos. Si hubiera cualquier cosa nos llamas, sea la hora que sea, ¿entendido?

—Eso hemos hecho —volvió a mediar Álvaro, que estaba como un flan.

—Vete a casa, si puede ser no te quedes sola, al menos esta noche, no creo que se atrevan a nada, pero mejor estar prevenidos.

—Tranquilo, inspector, yo me quedo con ella, y si nos escolta el inspector Moreno se lo agradeceríamos.

—¡Álvaro!

Álvaro sacudió el aire con la mano restando importancia a lo que él pretendió que fuese una broma.

Una vez en casa preparó unas tazas de tila, le dio una a Yoli y cogió otra para él, del bolsillo sacó un frasquito con unas gotas, puso unas cuantas en su taza y le dijo a ella si quería también.

—¿Qué es eso?

—Unas gotas maravillosas, me las receta mi homeópata, sobre todo cuando tengo que resistir emociones fuertes. No era bastante ver este pelo ¡Oh, dios, qué pelo! —Arrugó la nariz— Para que encima me hagas pasar por un trance como este, cariño, estoy atacado. Toma, que te pongo unas gotitas, verás que bien te sientan.

—No creo en la homeopatía, pero bueno, el agua con azúcar no creo que me haga daño.

—Tan descreída como siempre, no sé por qué sigo siendo tu amigo, no me lo merezco.

—No te preocupes, no se lo pienso contar a nadie, llevaremos nuestra amistad en secreto —se mofó Yolanda, eran amigos desde el parvulario, a aquellas alturas no creía que hubiese en el pueblo una sola persona que no estuviese al tanto de su amistad.

Álvaro hizo el gesto de clavarse una daga en el corazón, era un fanático cinéfilo y le encantaba sobreactuar, sobre todo si tenía que distraer de sus nefastos pensamientos a su amiga del alma.

—Nos vamos a relajar, vamos a poner una película y a comer palomitas, hoy vamos a mandar la dieta a.t.p.c.

—Te odio cuando me hablas con siglas —sabía que no decía palabrotas, pero las insinuaba a su modo—. Yo no hago dieta, lo sabes.

—Lo sé —le guiñó un ojo—, y lo noto, pero por esta vez te lo perdono. ¿Tienes videoclub en la tele? Qué película te apetece ver.

—Pon la que quieras, el experto eres tú —contestó Yolanda desde la cocina mientras hacía las palomitas.

—Podemos poner Psicosis jajaja, es broma, es broma.

—Mira que eres, te encanta ser el protagonista, pero si quieres esa vemos esa, cualquiera estará bien, sabes que no entiendo de cine, prefiero los libros.

—Estoy recordando una que me encantó…

—Seguro que sale Sandra Bullock, como si lo viera —lo cortó Yoli.

—Te equivocas, estaba pensando en un clásico, Atrapa a un ladrón, o Desayuno con diamantes por ejemplo, con ese Cary Grant y esa Grace Kelly o esa Audrey Hepburn y ese George Peppard, deberías aprender un poco de glamour de ellas, esas si que eran unas damas —decía Álvaro poniendo los ojos en blanco.

—Yo no soy una dama ni me interesa, a ti que tanto te gusta Sandra Bullock, me identifico más con Mis agente especial.

Álvaro se puso las manos a la cabeza.

—Por favor, no digas eso ni en broma, a no ser que sea en la segunda parte de la película, cuando consiguen hacer de ella una señorita.

Se decidieron por Atrapa a un ladrón, se sentaron en el sofá con el bol de palomitas entre los dos, poco a poco Yoli se fue relajando, apoyó la cabeza en el hombro de Álvaro y fue resbalando hasta quedar hecha una bolita, con la cabeza apoyada en sus piernas mientras él le masajeaba el cuero cabelludo y jugaba con su pelo, bajaron el tono de luz dejando como única fuente de iluminación la pantalla de la televisión.

 

Alex pasó por comisaría al terminar la jornada, como hacía siempre que se le hacía tarde en alguna investigación. Esta vez lo habían llamado por una pelea doméstica y le llevó más tiempo que otras veces. No era la primera vez que iba a aquella casa, eran como perro y gato, no podían estar juntos pero tampoco separados, el problema era que cuando estaban juntos se molían a palos el uno al otro, ya no sabía qué hacer, esta vez no se habían pegado. La esposa había dejado al niño solo en casa y había vuelto borracha. Una vecina al escuchar a la criatura llorar había llamado al 112 y se había presentado Alex, esperaba poder hacer algo, incluso amenazó a la madre con quitarle al niño y entregarlo a los servicios sociales. Cuando le bajó la borrachera se lo dijo muy serio, era la última vez que consentía aquello, una cosa es que ellos se tirasen los trastos a la cabeza, ya eran mayorcitos, pero el niño no tenía la culpa de su irresponsabilidad.

Estaba terminando de archivar los expedientes y haciendo los informes del día cuando vio encima de la mesa una carpeta con el nombre de Ramiro Duperly, le llamó la atención verla allí, la abrió y vio el informe y las fotos que habían hecho a la carta antes de enviarla al laboratorio. No se lo pensó dos veces, imaginó que Yolanda estaba sola en casa, así que fue a ver si necesitaba algo y si estaba asustada quedarse con ella aunque fuese delante de la casa dentro del coche para vigilar. Aparcó en la puerta. Vio que la casa estaba en penumbra, se asomó a la ventana y se quedó helado con lo que vio. Yoli estaba acaramelada en el sofá con el que supuso sería su novio, este le acariciaba la cabeza y comían palomitas, o sea que eran la pareja perfecta. En vista de que no parecía necesitar protección la llamaría por la mañana, se dijo. Verificaría temprano si ya estaban las pruebas. Desde ese momento sería lo que ella esperaba de él, un profesional. Le dolió, no esperaba encontrarla de aquella manera, nunca le habló de que tuviera pareja, pero vamos, la familiaridad era notoria, estaban en pijama viendo una película romántica.

Llegó a casa con ganas de descargar la tensión acumulada. Echaba de menos su saco de boxeo, le habría ido bien en aquellos momentos. El poli era él, pero le habían venido ganas de estrangular al pijito que estaba con ella. La verdad es que no lo vio demasiado bien. Había fisgado por la ventana, eso estaba penado por ley, esperaba que no se enterasen nunca o lo expedientarían. No le gustó. No le parecía que fuese alguien como para ella. Definitivamente no le gustaba nada, la verdad. Se preparó una copa, no solía beber, pero en ese momento lo necesitaba. Según el informe, ni la carta ni el sobre que le había llegado tenía nada escrito, ni con máquina, ni ordenador, ni a mano, o sea que era alguien del entorno. Cogió una  libreta y se puso a apuntar nombres de sospechosos, los que habían descartado y los que no. En realidad no había ninguno que tuviera demasiados puntos, pero de momento no pensaba descartar a nadie. Volvió a incluir a los padres de las niñas; unos okupas que vivían en una casa a las afueras y que de vez en cuando también se habían reído de Ramiro, aunque Alex pensaba que cuando lo hacían era porque estaban puestos de coca hasta el culo, pero no por eso dejaban de ser sospechosos. En el primer registro a la casa solo se les incautó un poco de coca y se les arrancaron unas cuantas plantas de maría que tenían en el jardín, aunque de allí dudaba mucho que saliera algo fumable, ya que las plantas estaban bastante raquíticas. Mientras anotaba cosas en la libreta iba repasando mentalmente todas las pesquisas y las declaraciones que se habían tomado. Se estaba volviendo loco entre unas cosas y otras. ¿Cómo era posible que no hubiera nada? Ninguna pista, ningún indicio, alguien que lo hubiese visto los últimos días, nada de nada. Dio un puñetazo sobre el mármol de la cocina, empezó a sangrar por los nudillos maltrechos, aquello le hizo sentirse mejor, no mucho, pero algo se había desahogado.

 

Los días transcurrían lentamente. Yolanda había dejado de pasar por comisaría definitivamente. No había novedades. La carta recibida no tenía huellas, aquello parecía obra de profesionales. Se había cruzado alguna vez con Alex por la calle, se habían saludado educadamente pero nada más, en alguna ocasión le había preguntado si había novedades, negando ella misma a continuación, contestando su propia pregunta.

—Qué tontería, supongo que si hubiera habido novedades me habría llamado alguien.

—Desde luego, sabes que es prioridad mantener a la familia informada.

—Muchas gracias, hasta pronto.

—Adiós, si recuerdas algo, por insignificante que sea, ya sabes, nos informas.

Cada uno se fue en una dirección diferente, ninguno de los dos miró hacia atrás.

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Quisiera presentarme, mi nombre es María Teresa Mateo, nací en Sabadell provincia de Barcelona allá por octubre de 1960, por lo tanto soy de signo Libra, dicen que el símbolo del equilibrio, dejémoslo ahí. Soy catalana hija de andaluces, de Córdoba concretamente. Nunca destaqué en ningún deporte, ni fui brillante en mis estudios, aunque en mi defensa debo decir, que creo ser la única criatura en el mundo, que hace pellas en clase para irse a leer a la biblioteca. Acabé mis estudios sin pena ni gloria, empecé a trabajar en el negocio familiar y nunca dejé de leer, ni un solo día, la lectura fue (y sigue siendo) mi pasión, hasta que empecé a escribir; Y empecé por casualidad, todo el mundo me incitaba a la locura, yo creí estar más cuerda que ellos, hasta que ganaron la batalla. Aparte de escribir y leer, hago otras cosas: Tengo un negocio de perfumería y estética, estoy casada, y tengo dos hijos.
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