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Salieron a la calle y cerró la cancela con llave, algo que antes casi nunca solía hacer, hasta entonces nunca había hecho falta. Oteó la calle con visión crítica, pero no encontró nada destacable. Las moreras se alzaban majestuosas como siempre, dando sombra y frescor a las aceras. Los patios de los vecinos con sus geranios colgando de las ventanas, los rosales con sus botones nuevos esperando el calor de la primavera para florecer y perfumar el aire con su fragancia, los jazmines cubriendo la mayoría de las tapias esperando el atardecer para abrir sus aromáticas flores. Todo seguía igual, pero nada era igual y nada sería igual a partir de entonces.

Llegaron a comisaría, al verlos llegar a Alex se le erizó la piel, allí estaba el pijo de su novio, de pronto le pareció un tanto afeminado, vaya, pensó, le gustan sensibles, bueno, no es problema tuyo, se dijo, pero entre David y el tal Alvarito, no sabía cual le gustaba menos, ¿estaría tonteando con los dos? Se preocupó de pronto, no es asunto tuyo, se repitió.

En cuanto rebasaron los controles los hicieron pasar al despacho, allí los agentes tenían las fotos que habían tomado de las dos cartas, las letras eran del mismo tipo de papel, periódico, además de uno de los más vendidos por aquella zona, o sea que lo podía haber enviado cualquiera, tampoco tenía huellas, igual que la otra. Estaban esperando el resultado del laboratorio, pero estaban seguros que sería exactamente igual a la anterior, nada, ni una huella, ni una mancha, nada que les pudiera proporcionar una pista.

—En este momento iba a buscar la frase en el ordenador, creemos que pertenece a alguna película, pero los que estamos aquí a ninguno nos suena, esperad un momento —les dijo—, mientras lo encuentro.

—¿Cual era la frase? —preguntó Álvaro.

Alex se quedó mirando a Yoli, ya sabía, y le había quedado claro, que era como de la familia, pero no estaba de más preguntar si estaba de acuerdo en que lo mantuviera tan al tanto de la investigación.

—Tranquilo, no pasa nada, está al tanto de todo —comentó escueta.

—Lo supongo —contestó malhumorado.

—¿Puedo decir algo? —aventuró Álvaro, mirando con ojos golosos al inspector.

—Adelante —concedió el agente.

—Si me decís la frase a lo mejor os puedo decir a qué película pertenece, no es por nada, pero del cine no se me escapa nada —dijo tapándose la boca a continuación—. ¡Ay Dios!, a lo mejor me estoy metiendo en un lío, pero juro por lo más sagrado que no tengo nada que ver con esas cartas, solo soy un cinéfilo empedernido.

—De momento no, aunque no descartamos a nadie, todo el mundo es sospechoso en este momento —quiso ponerlo nervioso Alex.

Álvaro se alteró, aquello no se lo esperaba, el inspector estaba disfrutando de su pequeña revancha.

—Está bien, como ya estás un tanto implicado te la voy a decir o mejor te voy a enseñar la foto.

Alex le mostró las fotos que habían hecho de la nueva misiva, Álvaro leyó: “Es dura la experiencia de vivir con miedo, ¿verdad? Le impactó la frase, era muy contundente y la película todo un clásico del cine de ciencia ficción.

—Es de Blade Runner.

—¿Estás seguro? —preguntó el compañero de Alex.

—¡Pues claro! Es una película dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Harrison Ford, estrenada en el año 1982 y basada en un libro llamado…

—Es suficiente, ya vemos que te lo sabes —lo cortó el policía— no estás en un examen.

—Es que Harrison Ford estaba en lo mejor de su carrera.

—Tampoco es que nos interese Harrison Ford. Lo que nos interesa en este momento es por qué esta frase y no otra, por qué estas cartas ahora y no antes, demasiados interrogantes.

Álvaro se quedó mirando con la boca abierta al inspector Moreno, como lo llamaba él. Alex también lo miraba, pero desde luego, con otros ojos. Alex no entendía a qué estaba jugando, casi le parecía que lo miraba lascivamente, pero no, era el novio de Yoli, no podía ser lo que se estaba imaginando, veía fantasmas en todas partes, se dijo.

—Inspector, Álvaro tiene razón, acabo de encontrar en Internet que la frase pertenece a la película que nos ha dicho.

—¡Pero bueno! ¿Lo dudabas acaso? —se indignó.

—Está bien, ya sabemos a qué película pertenece la frase, ahora hay que encontrar el responsable de escribirla, y a qué se refiere con ella.

—Por eso estamos aquí, grandullón —contestó Álvaro limpiándole una imaginaria pelusa de la camisa y bastante molesto porque no se lo tuviera en cuenta.

Alex se tomó aquella respuesta como una afrenta, qué se había creído el pusilánime aquel. Desde luego no entendía qué había visto Yolanda en él, casi prefería verla con David que con este esperpento, eso era lo que parecía. ¿Dónde creía que estaba? Se fijó en su vestimenta, zapatos con hebilla lateral, sin calcetines, cosa que le llamó mucho la atención, pantalón pitillo al tobillo y una camisa que a pesar de lo delgado que era le faltaba una talla. Un atuendo imposible, se dijo, supuso que estaba muy alejado de los cánones de moda actual, pero claro, él no era tan delgado como Álvaro, ni tenía el pelo castaño, ni llevaba ese corte impecable que dominaba a la vez que resaltaba sus rizos, ni tenía esos ojos de un azul casi transparentes. Por mucho que quisiera, que no era el caso, de ninguna manera podía competir con ese figurín.

Al salir de comisaría se toparon con David, este les preguntó si había alguna novedad, a lo que Álvaro contestó que no y Yolanda todo lo contrario, ella dijo que si. David enarcó una ceja sonriendo amablemente a Yolanda, mientras los ojos de Alex no les quitaban la mirada de encima a ninguno de los tres. De aquellas tres personas dos no eran lo que decían ser, estaba seguro de ello, y averiguaría los secretos de los dos, su intuición no le fallaba, esperaba no empezar a errar en aquel caso.

—Bueno, novedades en sí no hay, pero sí está pasando algo que nos tiene, al menos a mí, de los nervios —explicaba Yoli sin percatarse del mohín que había puesto Álvaro. Nunca le cayó demasiado bien David, era de aquellas personas que sin saber por qué no son santos de nuestra devoción. Para David no era un secreto, tampoco le caía bien Álvaro, el sentimiento era mutuo.

—Puedo preguntar qué es eso que tanto os preocupa, ya sabes que si puedo ayudar en algo solo tienes que decirlo.

—Desde luego, no creo que sea un secreto —atajó Yoli cuando Álvaro empezaba a dar excusas.

—Tampoco creo que sea necesario pregonarlo a los cuatro vientos —se molestó Álvaro.

—Con David hay confianza.

Aquello sentó mal a Álvaro, nunca le había gustado y desde que notaba que se acercaba demasiado a Yoli aún menos. David era comercial en la empresa familiar y desde que Álvaro había tenido una mala experiencia amorosa con uno del gremio, a todos les había echado el sambenito, para él todos eran iguales. Su ruptura había sido muy traumática, suerte tuvo de Yoli que lo sacó del pozo y por eso le perdonaba cualquier cosa, pero que le empezase a gustar David no sabía si se  lo podría perdonar. Otra persona detrás de las ventanas de la comisaría estaba pensando exactamente lo mismo que él.

David los invitó a tomar un café. Álvaro no estaba muy de acuerdo, pero prefirió ir antes que dejarla sola con él, a saber qué le explicaría. Una cosa era dar una información por encima y otra muy diferente pormenorizar. Estaba seguro que estando él a su lado Yoli se abstendría de decir demasiadas cosas. La cara era un poema cada vez que le preguntaba algo sobre la investigación, el rojo grana aparecía en el rostro de Álvaro, no podía disimular que estaba allí por compromiso. Después de casi media hora de suplicio un par de cervezas y mucha más información de la debida, siempre según criterio de Álvaro, por fin Yoli dijo que tenían que marcharse. David dio dos besos a Yoli y uno de ellos casi fue en la comisura de los labios, mientras se lo daba no apartaba los ojos de Álvaro que, aunque lo quisiera evitar, en su cara se reflejaba todo lo que pasaba por su mente.

—He pasado un rato muy agradable, tenemos que repetir —se despedía David—. No te pongas celoso, Álvaro, que también tengo besos para ti.

Hizo ademán de acercarse a lo que Álvaro dio un paso atrás, pisó en falso y quedó sentado en la acera, con la consecuente carcajada de David.

—No era literal, no hacía falta —siguió burlándose del joven.

Álvaro se levantó como pudo y se marchó sin mirar atrás. Estaba más enfadado que dolorido, más herido en su amor propio que en sus posaderas. Ni siquiera se despidió de ella, cómo no podía darse cuenta que era un cantamañanas, un bueno para nada. Si no fuera porque la empresa era de su padre seguro que su maravilloso empleo no le daba ni para comer, pero vendiera maquinaria o no, el sueldo lo tenía fijo, no era como él, la gente se burlaba porque le gustaba ir a la moda y en un pueblo vetusto como aquel las cosas se magnificaban, pero él había iniciado el negocio en su casa y ahora tenía el mejor salón de peluquería y estética de la comarca y no pensaba irse del pueblo aunque se lo hubiesen pedido muchas veces. Por supuesto que lo había pasado mal, pero siempre era por gente como David, que no tenían sensibilidad, que pensaban que porque fuese gay no tenía sentimientos y se podía burlar de él cuantas veces le diera la gana. Había perdido su gran amor por no querer salir del pueblo, por querer dar la batalla, él era como era, y si lo querían tenía que ser con todas las consecuencias, él no se iba a esconder ni iba a dejar de ser lo que era por lo que dijesen los retrógrados de sus vecinos, bastantes lágrimas derramó cuando su padre se enteró de su “desviación” como decía él y lo echó de casa. Ahora ningún David de pacotilla iba a humillarlo públicamente, él podía llevar la cabeza bien alta, nadie le había regalado nada.

Yolanda salió corriendo tras Álvaro, no entendía que se molestase tanto por una broma inofensiva, creía ella, de David. Ella nunca veía el lado malo de nadie.