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David llegó a su casa con una sonrisa enorme en la cara, le encantaba fastidiar a Álvaro y esa satisfacción la llevaba reflejada, lo que no esperaba era la sorpresa que encontró al entrar en su dormitorio. Rebeka estaba tendida en su cama, completamente desnuda, con una copa en la mano y un cigarrillo en la otra y con pose de revista porno.

—Pensé que no querías verme nunca más.

—Me molestó verte flirteando con la estúpida de Yoli.

—No estaba flirteando, me gusta de verdad.

—Eso no te lo crees ni tú, a mí no me engañas.

La joven se terminó el líquido del vaso, lo depositó sobre la mesilla de noche, se puso de rodillas sobre la cama y tiró de la camisa de David atrayéndolo hacía ella.

—No te va a ser tan fácil deshacerte de mí, lo sabes —susurró en su oído con voz melosa aunque amenazante a la vez.

—Para ser tan jovencita tienes mucho carácter, pero ya sabes que conmigo no se juega, princesa. Sírveme una copa mientras me ducho —ordenó dándole un beso en los labios que acabó en un mordisco.

La primera vez que la joven había hecho aquello él se había quedado petrificado, era menor de edad y él un hombre hecho y derecho, con una hija casi de la edad de ella. Rebeka se le había insinuado hacía tiempo, le había dicho que quería dejar de ser virgen y lo había escogido a él, así, sin mediar más palabras que aquellas. También le dijo que lo había observado durante un tiempo y se había dado cuenta cómo miraba a sus compañeras, le gustaban jóvenes, y estaba segura que su mujer lo había abandonado por ese motivo, así que ella se lo pensaba poner fácil, sería un acuerdo, un contrato de colaboración, y si les apetecía a los dos y sin compromisos, de vez en cuando tendrían sexo, a ella precisamente le gustaban maduritos, le dijo, para reírse a continuación al ver la cara que había puesto él.

Desde entonces se veían de vez en cuando, normalmente ella se presentaba en su casa cuando sabía que su hija pasaba el día en casa de alguna amiga o de la abuela. Ella solía planear bien sus escapadas, de todos modos a ella nadie la controlaba y dentro de poco sería mayor de edad y entonces volaría libre, se decía siempre.

David salió de la ducha y se empezó a tomar la copa que ella le había preparado. Aquella mocosa sabía lo que le gustaba, pero sus planes no eran seguir con ella mucho más tiempo. Ahora se había encaprichado de Yolanda, no porque le gustara demasiado, era demasiado mayor para sus vicios, pero había notado cómo le gustaba al inspector y a ese inspector se la tenía jurada. En algún momento encontraría un fallo, todos tenemos fallos y Alex no iba a ser menos. Así que le interesaba tener a Yoli cerca, le gustaba estar enterado de todo lo que pasaba en el pueblo. La información es poder, decía siempre.

Rebeka le quitó el vaso de las manos, lo empujó sobre el colchón y se sentó a horcajadas sobre él.

—Cuéntame qué le ves a la gorda en miniatura que te quieres llevar a la cama, no es tu tipo, algo tramas, te conozco.

—¿Quién te ha dicho que me la quiera llevar a la cama? Además no está gorda, tiene curvas, jajaja. No saques conjeturas, limítate a hacer lo que se te da bien.

—Te conozco, no haces nada por nada, y tu repentino interés es que porque algo tramas. Yolanda siempre me mira con superioridad, la odio, me mira como a una niña mala.

—No sabe lo pervertida que eres, si lo supiera aún te miraría peor —se carcajeó—, ella te ve realmente como lo que eres, una niña mala, una Lolita.

—Pero no lo soy ¿verdad? —decía mientras lo besaba con lujuria.

Sabía cómo excitarlo. Siempre hacía con él lo que le daba la gana, o casi siempre, pensó, pero mientras no le diera la información que quería no se quedaría tranquila, lo sabía, aunque también sabía que si él no estaba dispuesto a hablar, no lo haría. Ni siquiera con un litro de whisky en el cuerpo.

Tenía que ser sutil —se decía Rebeka—, que no se diera cuenta que tenía interés en algo más que en saber por qué había cambiado sus gustos. Debía parecer celosa, pensó. Había hecho suya la frase de David “la información es poder” y a ella, como a él, le gustaba saber los secretos de todo el mundo, así conseguía lo que quería.

Rebeka intentó sonsacarlo, desde hacía días intuía que ocultaba algo, pero así como otras veces habían comentado las escasas novedades del pueblo, en esta ocasión David no soltaba prenda, negaba que le escondiera algo y eso era lo que a ella le daba la seguridad de que estaba en lo cierto, por aquel día lo dejó estar, ella era sabedora de algún que otro pecado de más de un vecino, hecho que le hacía la vida más fácil. Se vistió y se fue, ya caería, pensó.

David ya no quería tener nada que ver con Rebeka, esa insistencia en saber todo de su vida lo ponía nervioso, a veces pensaba que sabía más de la cuenta, como sabía que las amigas guardaban un secreto, se preguntaba si sabría algo de su pasado, le daba escalofríos cada vez que lo pensaba y procuraba no hacerlo muy a menudo, había cosas en su vida algo oscuras, como en la vida de cualquier persona. ¿Quién podía decir que su curriculum vitae lograba pasar el filtro de la honradez?, ¿quién no se había quedado alguna vez con un libro de la biblioteca? Estaba seguro que a cualquiera que se pusiera bajo una lupa no saldría indemne. El problema era Rebeka, ella era capaz de sonsacar al más pintado y él no estaba dispuesto a que sacara a relucir alguna cosilla que no le interesaba que se supiera. La gente ya había especulado bastante con que su mujer hubiese desaparecido de un día para otro, incluso llegaron a decir que la había matado, estaba seguro que aquella información había salido de boca de Rebeka. Así que la tenía que vigilar de cerca, no necesitaba que la policía volviera a husmear en sus cosas, ya tuvo bastante. Tuvo suerte en aquel momento ya que la inspectora de entonces era del pueblo, se conocían desde niños y su madre tenía influencias, pero eso se había acabado, había discutido con su madre y aunque continuaba trabajando para la empresa y le seguía pagando un buen sueldo, la relación no era lo que se decía fluida. Los policías tampoco eran los mismos, ahora habían traído al perro sabueso de Alex y este no se conformaba con la explicación que uno le daba, este iba al fondo del asunto y al parecer no se dejaba influenciar por los caciques del pueblo. También por eso lo odiaba, le gustaba meter las narices en sus cosas, ese fue el motivo por el que había empezado a cortejar a Yolanda, se dio cuenta el día del juicio de lo mucho que le gustaba Yoli al inspector Alex Moreno.

Nunca, en todo el tiempo que la conocía, que era toda la vida, se había fijado en ella, pero aunque solo fuera por fastidiar al imbécil del inspector, se la pensaba llevar al huerto, y pensándolo bien, tampoco estaba tan mal, aunque fuese un tanto mayor de lo que a él le gustaban, esa cara redondita y ese tamaño tan menudo la hacían parecer mucho más joven.