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—Traidor —le susurró Yoli a Álvaro al oído cuando pasó por su lado para añadir otro plato a la mesa.

Álvaro preparó más rebanadas de pan con tomate para acompañar la tortilla y le ofreció una copa de vino, que Alex aceptó al no estar de servicio.

—¿Molestar? No por Dios cómo va a molestar un cuerpo del orden —se mofaba Álvaro de los dos, mirando con ojos golosos al inspector. Cenaron en tensión, casi en silencio, tan solo roto de vez en cuando por unos desafortunados suspiros de Álvaro

Terminaron de cenar. Yolanda estaba nerviosa, no sabía si por la carta, o por la presencia de Alex, era el primer encuentro desde su declaración, y ella no esperaba que fuese tan pronto, así que cuando hubo terminado de cenar, si a eso se le podía llamar así, ya que apenas había dado dos pinchadas a su trozo de tortilla y ni siquiera había probado el pan. Alex se miraba a Álvaro con estupor, andaba por la casa como si fuera suya. Nunca debió decirle a Yoli que estaba enamorado de ella. Supuso que no le había dicho nada a Álvaro, o eso o este era muy buen actor, le estaba dando la impresión que lo que hacía era acercarlos. No entendía nada, puesto que por otra parte estaba David, que en un principio le pareció que era lo más parecido a su novio, o eso, o estaba perdiendo facultades, pero algo raro pasaba entre esos tres, pensaba.

Se puso los guantes para coger la carta, el sobre de nuevo era idéntico, anodino, sin marcas y sin huellas. El folio doblado en tres partes como los anteriores y las letras recortadas de papel de periódico también.

“Terminaremos cuando yo diga que hemos terminado”  rezaba la nueva misiva, los dos se quedaron mirando a Álvaro esperando que les dijese de qué película se trataba esta vez.

—¿A mí por qué me miráis? ¿Es que nadie ha visto una puñetera serie en este pueblo?

—¿Quieres decir que esta frese es de una serie y no de una película? —Preguntó Alex sorprendido.

—Sí, quiero decir que esta frase es de Breaking Bad, una serie de televisión que ha visto todo el mundo menos vosotros, señor. ¡Cuánta incultura!

Alex se lo quedó mirando con cara de pocos amigos.

—¿A qué hora has encontrado la carta? —Se dirigió a Yolanda.

—La carta la ha encontrado Álvaro, justo en ese momento te hemos llamado, no sé el tiempo que ha pasado, pero no demasiado.

—Hemos salido a despedir a David y la he visto —puntualizó Álvaro sembrando la duda.

El policía se metió en su papel de nuevo, preguntó cómo la habían encontrado, si al llegar Álvaro no estaba, a qué hora había llegado David y con qué motivo; ellos respondieron de igual modo una y otra vez a las preguntas repetitivas que Alex les hacía de mil maneras. Cuando todo más o menos estuvo claro, o más bien, cuando todo se acababa en un círculo vicioso que no llevaba a ninguna parte y quedó bien anotado en el bloc de notas, que siempre llevaba Alex encima, dio por terminado el interrogatorio.

—Bueno, chicos, la velada me parece de lo más interesante, pero me tengo que ir —informó Álvaro.

—¿Ya te vas? —preguntó Yoli lo obvio, esperaba que Alex dijese de irse con él, pero no parecía que esa fuera su intención.

Al quedarse solos se hizo el silencio. Ninguno de los dos sabía qué decir. Los corazones de ambos bombeaban sangre a mayor velocidad de la acostumbrada.

—¿Quieres más vino? —preguntó Yoli llenándole la copa al tiempo.

—Gracias.

Bebieron con calma, sin pronunciar una palabra, con la única compañía de la luna que entraba por la ventana. A Yoli el vino le produjo un ligero sopor, no solía beber, pero al relajarse estaba tan a gusto en su compañía que bebió algo más de lo que acostumbraba. Se le cerraban los ojos así que se recostó en el hombro de Alex sin darse cuenta, este pasó el brazo por su hombro y ella acomodó su cabeza en el hueco que se creaba, el sitio perfecto para ella. Poco a poco fue rodeando el cuerpo de él con sus brazos, algo que Alex propició al quedarse quieto, casi estático. Era un momento mágico. Lo estaba gozando, el calor de su cuerpo traspasaba la ropa y lo hacía desearla como nunca. De madrugada la llevó en brazos a la cama.

—No me dejes sola —imploró adormilada—. Hazme el amor.

—Creo que has bebido demasiado, no sabes lo que dices.

—Me dijiste que me querías —sollozó—. Está bien, vete, no te necesito, no necesito a nadie a mi lado.

—Me encantaría hacerte el amor. He soñado con eso desde el día que te conocí, pero no así, mañana te arrepentirías de esto y no voy a aprovecharme de las circunstancias.

—Si dices que te encantaría, ¿por qué no lo haces? Tú y tus estúpidos prejuicios.

—No estás pensando con claridad, es el vino el que habla por ti.

—Cobarde.

—¿Qué diría Álvaro si me quedo a pasar la noche contigo? No me parece ético por mi parte, aunque sea lo que más deseo en el mundo. Duerme, hablamos mañana, no me iré, pero estaré en el salón por si me necesitas.

—¿Álvaro? ¿Qué tiene que ver Álvaro con esto?

—Es tu novio, ¿no?

Le costó darse cuenta de lo que le decía, empezó a reír y le era imposible parar, no entendía de dónde había sacado semejante tontería. Vale que Álvaro no era un mariposón, no iba dando la nota por la calle, pero solo que uno se fijase un poco se daba cuenta que era gay.

—¿De dónde sacas eso?

—No entiendo qué te hace tanta gracia, cada vez que vengo aquí está contigo y os he visto en pijama y muy acaramelados —reprochó Alex.

Cuando terminó la frase Yolanda estaba dormida.