Clica para calificar esta entrada!
[Total: 2 Promedio: 5]

Alex, de buena mañana, se fue directamente a la oficina. Había llegado al pueblo solo, aunque ya llevaba unos meses, casi un año para ser exactos y no había hecho demasiadas amistades, no por nada, se llevaba bien con todos sus compañeros, pero por su parte no pretendía quedarse en el pueblo toda la vida. Cuando pidió el traslado lo hizo de forma temporal. Necesitaba sanar las heridas que lo habían llevado casi a la depresión, así que no quiso dar demasiada confianza a ninguno de sus compañeros, ni siquiera a sus vecinos de piso. No quería volver a caer en la misma trampa dos veces. Tenía que aprender a guardar bajo llave sus sentimientos y mirar los casos a través del prisma del investigador, como si se tratase de una rutina, de algo que no le concerniese, y eso era lo más difícil de su trabajo, sobre todo teniendo el carácter que tenía. Para ser hombre y policía era demasiado sensible, ese era su problema y veía que de nuevo se estaba empezando a involucrar en uno de sus casos. Exactamente en el caso de Ramiro y más de lo que debía.

Respiró hondo, se sentó frente al ordenador y empezó a recopilar información que había encontrado sobre la familia de Rebeka, abrió una carpeta nueva y empezó a incluir en ella toda la documentación que logró recabar sobre ellos. Sin planearlo, y casi sin darse cuenta, estaba investigando también a David, el padre de la jovencita que denunció los hechos. Parecía mentira que un hombre pudiera ser tan perfecto, era comercial de maquinaria agrícola y parecía ser que se ganaba bastante bien la vida, aunque claro, la empresa era de su familia, sonrió cínicamente Alex al encontrar el dato. Tampoco entendía que su mujer lo hubiese dejado ir separándose de él de la noche a la mañana. De la mujer encontró poca cosa, desde que se había separado, según rezaba en el informe, vivía en el extranjero, en Alemania para ser exactos y se había casado con un vikingo, así que estaba fuera de toda sospecha, lo que le extrañó fue que nunca hubiese vuelto al pueblo, ni siquiera para visitar a su hija.

“Algo malo tiene que tener este tío”, pensó rabioso, se lo imaginaba conquistando a Yoli y algo por dentro le desgarraba, “Baja a la tierra, Alex, a Yoli no le interesas y a ti no debe interesarte ella, en un par de años volverás a tu antiguo puesto y todo esto será historia”, se repetía por enésima vez.

Cuando se levantó de delante del ordenador era prácticamente media noche, había trabajado todo el día sin descanso, no había parado ni para ir a comer. Casi sin darse cuenta había recopilado toda la información que había encontrado de los padres de todas las chicas implicadas en el suceso. Al final estaba algo decepcionado, no sabía qué pretendía encontrar, no tenía ni idea, pero le hubiera gustado enterarse que alguno de ellos estaba implicado en la mafia rusa, o eran traficantes que trabajaban para las redes de narcotráfico colombianas, lo que fuera. Le dio rabia, estaba decepcionado, no había nada de todo eso, solo gente normal y corriente, trabajadora con más o menos suerte. Los padres de Paula estaban separados, el padre era agente de seguros, la madre trabajaba para una inmobiliaria, al parecer se llevaban bastante bien. Los de Natalia eran español casado con paraguaya, era la única cosa a resaltar, ella era peluquera, el padre tenía un negocio de rehabilitación de inmuebles que no parecía irle del todo mal, todos los papeles en regla, el negocio perfectamente legal, nada relevante. Estaba viendo que su corazonada no lo llevaría a ninguna parte, había sido una chiquillada, nada más.

Guardó la información, por fin apagó el ordenador y se fue para casa. Necesitaba desconectar un rato por lo menos, su turno empezaba a las seis de la mañana y aunque no tenía sueño no quería darle más vueltas, había pasado sus horas libres encerrado en la comisaría, vamos, que había sido un día completo, se dijo al llegar a casa. Se preparó una copa y encendió la televisión, quería desconectar, pero no había forma, en todas las cadenas había reposiciones de series policíacas, del CSI a Los hombres de Paco, pasando por Castle, vamos que de distanciarse nada de nada, optó al final por meterse en la cama con un libro y un disco de música celta para flauta y piano. Cuando estaba estresado la música suave le ayudaba a relajarse. Esperaba de ese modo ser capaz de conciliar el sueño al menos un par de horas.

 

Por parte de Yoli el día no fue mejor, cuando llegó a su casa se dio cuenta que tenía el tiempo justo para ir a visitar a su madre al centro en el que estaba. Procuraba ir casi todos los días aunque solo fuese un rato, así que comió a toda prisa y se encaminó hacia allá. Al llegar no estaba en la sala con las demás residentes. Tampoco en su dormitorio. Buscó a la enfermera para preguntar por ella. Quería saber por si estaba en la terraza, era muy raro, pero era una posibilidad. Cuando la vio una de las enfermeras, al cruzar el pasillo, le pareció que la evitaba, algo que no le gustó nada a Yolanda. Algo pasaba, estaba segura de ello.

—Hola, he venido a ver a mi madre, me puedes decir dónde está, no la encuentro.

—Esto, pues… no sé, debería estar en la sala… mmm, esto… acabamos de darles la merienda.

—En el comedor no está, en la sala tampoco ni en su dormitorio, ya me dirás dónde está.

En ese momento asomaba la enfermera jefe por el corredor, a Yoli le pareció que se sorprendía igual que la auxiliar. Definitivamente, algo estaba pasando con su madre.

—Buenas tardes, Yoli. Ahora mismo iba a llamarte. Tenemos a tu madre en el hospital, se ha caído de la cama y se ha hecho un chichón, nada serio, no te preocupes, pero el médico ha preferido dejarla en observación.

Yoli se quedó de una pieza, si le pinchan en aquel momento no le sacan sangre.

—¿Desde qué hora está en el hospital? —preguntó con sequedad.

—Pues se cayó durante la noche, la encontramos en el suelo al entrar a hacer la habitación —contestó la enfermera evitando su mirada.

—Durante la noche, ¿me estás diciendo que se ha caído a media noche y hasta ahora nadie me ha dicho nada?, o sea, ¿qué si no vengo no me entero que mi madre se ha caído de la cama?

—No te pongas nerviosa, no ha pasado nada, no entendemos cómo ha podido pasar. Tenía las barandas protectoras levantadas, pero se ha ido resbalando y se ha caído.

—No estoy nerviosa, pero dime exactamente qué se ha hecho.

La enfermera volvió a bajar la mirada al suelo, el nerviosismo era evidente, se la veía incómoda. Yoli estaba segura que algo se guardaba, de otro modo en cuanto se hubiesen dado cuenta la habrían llamado como alguna vez que había habido algún problema lo hicieron. Sacó el móvil del bolso y envió un whatsapp a cada uno de sus hermanos, “Mamá está en el hospital, no sé qué ha pasado pero voy para allá a averiguarlo”.